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HEMEROTECA » |
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J. MORÁN, OVIEDO «Yo creí que el Ejército iba a responder al grito de "a mí la legión", y no ha sido así». La frase, plenamente marcial, la pronuncia el 24 de febrero de 1981 el general Jaime Milans del Bosch, que el día antes –el célebre 23-F– había declarado el estado de guerra en Valencia. Sus palabras las evoca en el presente José Ramón Pardo de Santayana y Coloma, teniente general jubilado que aquel 24 de febrero acababa de ser nombrado ayudante de Milans después de que José Gabeiras, Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME) ordenara su arresto tras llamarle a Madrid.
Una parte de esa «legión» que no respondió a Milans fue precisamente la División Acorazada Brunete (DAC), un conjunto de brigadas, batallones y regimientos de Artillería y Caballería con gran potencial de ataque. La DAC, la más potente de las Fuerzas Armadas Españolas, y hoy denominada División Mecanizada Brunete nº1, tenía uno de sus principales cuarteles en El Goloso, a un paso de Madrid por la carretera da Burgos.
La tarde del golpe, Pardo de Santayana mantuvo conversaciones con un hermano suyo allí destacado. «Aquella tarde había salido de mi puesto en el cuartel general del Ejército, en el palacio de Buenavista a las seis de la tarde. Al llegar a casa me llama una de mis hermanas y me dice que ha oído que «ETA ha entrado en el Congreso y hay allí unos guardias civiles».
Acto seguido, «volví al cuartel general sin ninguna dificultad y entré en el despacho de Armada, que era segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército». Pardo de Santayana no supo en ese momento que «Armada disimulaba delante de mí totalmente, y dijo que no sabía lo que pasaba».
El entonces coronel jefe de la sección de Coordinación y Planes se fue a su despacho. «Muchos compañeros venían a preguntarme si sabía algo y tiempo después pude hablar con mi hermano Fernando, teniente coronel en la DAC, y que era jefe del grupo de Artillería antiaérea y me había sucedido a mi», rememora Santayana. Lo que le comunica su hermano es que «habían estado a punto de salir, pero que en la reunión que habían tenido con el cuartel general habían visto que no tenía ni pies de cabeza lo que estaba sucediendo». A Pardo de Santayana se le presentó esa tarde-noche otro suceso a raíz de que Ricardo Pardo Zancada, uno de los enlaces de Milans del Bosch en la Brunete, hubiera acudido al Congreso de los Diputados, para reforzar la posición del teniente coronel Tejero y los guardias civiles. «Eduardo Fuentes Gómez de Salazar, el que luego firmó el «Pacto del Capó» para liberar el Congreso, era muy amigo de Pardo Zancada; Gómez de Salazar me tenía en gran estima y vino a contarme que se iba a ver qué pasaba con Pardo Zancada en el Congreso. «Mira Eduardo», le dije, «tú has visto ya que esto ya no tiene éxito y te vas a sacrificar y no vas a convencer a Ricardo; ¿para qué vas a entrar?», relata Santayana. Sin embargo, «no lograba convencer a Eduardo, hasta que le dije: "Mira, vamos a ver, ¿eres cristiano?". "Sí". "Yo también, así que vamos a ir a la capilla a rezar un Padrenuestro y a pedir a Dios que nos ayude". Y eso fue lo que hicimos».
Entretanto, en la Brunete habían hervido los sucesos. José Juste Fernández, general de división al mando de la DAC, volvía esa jornada de unas maniobras en Zaragoza cuando se encontró en su despacho al general Torres Rojas, otro enlace de Milans, que pretendía hacerse cargo de la Brunete.
«Menos mal que Milans ya no estaba al mando de la Brunete», comenta Francisco Laína, entonces director de la Seguridad del Estado (Ministerio del Interior), y en aquel momento máxima autoridad civil, ya que el Gobierno estaba secuestrado en el Congreso. Milans había sido general de división al mando de la DAC de 1974 a 1977, cuando es sustituido por José Juste, que antes había sido gobernador militar en Asturias.
Laína, que prepara un libro de memorias sobre el 23-F, asegura que «si Milans del Bosch está en la Brunete ese día sale a la calle y triunfa el golpe; si aquel día la división sale de los cuarteles y ocupa tan sólo media docena de puntos estratégicos, como la Dirección de la Seguridad del Estado, televisión y radio, el cuartel del Estado Mayor del Ejército o la Junta de Jefes del Estado Mayor, triunfa el golpe».
En el mismo sentido, Laína juzga que «Juste optó por la mejor decisión, es decir, no alborotar en la Brunete; si se da cuenta de mano de lo que está haciendo allí Torres Rojas y manda arrestarle, a él o a otros mandos que habían sido subordinados de Milans, hubiera tenido muchos problemas. Milans del Bosch «era un ídolo en el Ejército, sobre todo tras su paso por la Brunete, donde decían de él que tenía las cualidades de un Montgomery o de un Patton», evoca Pardo de Santayana.
Francisco Laína señala datos como que «allí estaba el coronel San Martín, que era el jefe del estado mayor de la División Acorazada, u otras infiltraciones importantes como la de Pardo Zancada, que había salido para el Congreso». En medio de todo ello, «José Juste anduvo entre dos aguas y no alborotó; se le escapaba algún regimiento y lo paraba, y así hasta que por la noche habla por teléfono con Sabino Fernández Campo y éste le dice la famosa frase de que Armada ni está ni se le espera en el palacio de la Zarzuela».
Pasada la noche del golpe, el día siguiente fue intenso para Pardo de Santayana. «El día 24 por la mañana entro en el despacho del segundo jefe del Estado Mayor, el general Pérez Iñigo, gran amigo mío, y me encuentro que está allí Milans, que había ido a hablar por teléfono con su padre en un sitio cerrado. Y entonces delante de mi le dice Pérez Iñigo a Milans: «Mi general, como está usted incomunicado ha dicho el general Gabeiras que nombre un oficial para que haga de ayudante suyo».
Pardo de Santayana se ofrece y Gabeiras acepta. «Cuando íbamos por el pasillo le dije: "Mi general, ¿cómo es posible que se haya organizado esto?". Y me dijo esta frase: "Mire Pardo, yo creía que el Ejército iba a responder al grito de "a mí la legión" y no ha sido así"». Santayana explica que en la Legión «hay un artículo que manda que cuando el legionario oiga que otro legionario pide ayuda al grito de "a mí la legión", con razón o sin ella irá a ayudarlo; aunque ahora se ha quitado el "sin ella"». Pardo de Santayana entendía que «Milans pensó que todos los tenientes generales, que tenían yo creo muy buen concepto de él, iba a dar el paso con él».
Aquella mañana del 24-F «Milans estaba enfadadísimo y decía "yo he sido siempre monárquico, siempre he adorado al Rey, pero me siento traicionado y voy a tirar de la manta"». Al día siguiente, «vuelvo a ver a Milans y me dice: "Vete a ver a Armada y dile lo mismo que te dije ayer". Armada estaba arrestado en la base aérea de Getafe. Estaba muy tranquilo y cuando yo entré puso una radio a todo volumen. "Mira, José Ramón, pongo la radio porque hay sistemas de escucha y no quiero que nos oigan"».
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El triunfo del PP, las revoluciones árabes, el terremoto de Japón y el dominio del Barcelona, entre otros acontecimientos, marcaron el año.
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