Prenafeta, el fontanero de Pujol

 

Xavier Domenech


Refería Baltasar Porcel, en un coloquio en 2006: «Lluís Prenafeta me contó que cuando entró a la Generalitat con el presidente Pujol, eran dos señores bajitos y algo gruesos que llegaban sin saber demasiado qué debían hacer». La imagen es verosímil; por aquellos días Pujol le dijo a Prenafeta: «Lluís, ahora mismo la Generalitat somos tú, yo y este despacho».



El Presidente apenas elegido, con una visión clara del país que quería construir, necesitaba a su lado un fontanero eficiente que pusiera en marcha y mantuviera engrasadas las máquinas, y ese miembro de una familia de empresarios de la piel-Típel, dónde a los años ochenta trabajaría Artur Mas, como director financiero, y donde Jordi Pujol hijo tendría el primer empleo-, y que le había sido recomendado por Marta Ferrussola, parecía capaz de hacerlo y además le profesaba una lealtad absoluta.



Secretario general de la Presidencia desde 1980 hasta 1990, a Prenafeta (Ivars d'Urgell, 1939) se le atribuye haber recibido dos líneas principales de tarea. Por un lado, la relación del Gobierno y el partido con el mundo financiero, un trabajo en el que iba de la mano con Macià Alavedra, entre otros, configurando el que se denominó «sector de los negocios» dentro de CDC, y que era visto con recelo por los sectores procedentes de la militancia cultural y profesional. Por el otro, la política de comunicación, tanto en el ámbito institucional, con la creación de TV3 y Catalunya Ràdio, como en el privado, un terreno en que el «pujolismo» siempre ha intentado y nunca ha conseguido disponer de medios propios y rentables. Así, impulsó el diario «El Observador», tan efímero como ruinoso.



Dejó el cargo el 1990, desgastado por el ejercicio del poder, las tensiones internas -entre otras, con Miquel Roca- y diferentes actuaciones judiciales que acabaron en nada pero le amargaron la existencia. Reapareció al cabo de una década para promover la Fundació Catalunya Oberta, un «think tank» de pensamiento liberal, que cuenta con numerosas plumas del periodismo catalán. Mientras tanto, según una hagiografía de la misma fundación, se ha dedicado al asesoramiento empresarial en los sectores inmobiliario y eléctrico.



Por cierto: según Porcel, cuando aquellos dos «señores bajitos» entraron en palacio «se encontraron el secretario de la Diputación Provincial, que hacía de secretario hacía mil años y había pasado allí todo el franquismo. Prenafeta le dijo: «Oiga, ¿qué me aconseja usted?». Y el contestó: «Mire, si no hace nada le puede ir bien, pero si hace algo puede acabar en la prisión».


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