X. D.
Macià Alavedra i Moner (Barcelona, 1934) consiguió el primer puesto oficial en las primeras elecciones generales, el año 1977, y desde entonces su vida ha sido una sucesión de cargos, primero en la política y acto seguido en la empresa privada, pero no a cualquiera: en las poderosas concesionarias controladas por la Caixa. Inteligente, enérgico y polivalente, ha formado parte del Gobierno de la Generalitat durante quince años consecutivos, de los 23 de la etapa de Jordi Pujol. Hijo del poeta Joan Alavedra (autor del oratorio «El pesebre», que musicó Pau Casals), vivió de niño el exilio republicano con su familia. De vuelta a la península, con menos de veinte años militaba al clandestino Front Nacional de Catalunya, una organización nacionalista de amplio espectro, variada ideología y limitada presencia. Licenciado en Derecho, se dedicó a la asesoría de empresas, y aquella etapa le abrió un mundo de contactos con el el mundo de los negocios. Su llegada a CDC, el partido de Jordi Pujol, no siguió el camino del pujolismo temprano sino la vía lateral de Esquerra Democràtica de Catalunya (EDC), la formación del liberal Ramón Trías Fargas, de la que fue cofundador el 1974.
Cuando EDC se integró en CDC, Alavedra entró por la puerta grande: diputado al Congreso, portavoz en Parlamento de Catalunya y conseller de Gobernación de la Generalitat desde 1982, el 1987 saltó a la conselleria de Industria y Energía y en 1989 sustituyó Trías Fargas en la de Economía y Finanzas. Allá estaba cuando las debilidades parlamentarias de los últimos gobiernos del PSOE y del primer gobierno del PP dieron a CIU una notable capacidad negociadora, y su firma aparece a las cesiones del 15% y del 30% del IRPF conseguidas en sucesivos acuerdos de financiación, y el «pacto del Majestic» con el primer Gobierno de Aznar, aquel que hablaba catalán en la intimidad.
Buen conocedor del empresariado catalán, considerado como un medio habitual de contacto de los gobiernos de Pujol con la esfera de los negocios, cayó sobre él la sombra de la sospecha cuando estalló el escándalo de los chantajes del juez Pasqual Estevill y se supo que había organizado contactos entre éste y algunas de sus víctimas, que justificó como una gestión a petición de los damnificados que no sabían como acceder al juez que los quería encarcelar. También se le reprochó haber apoyado a Javier de la Rosa. Elegido para el Parlamento de Catalunya en cinco convocatorias consecutivas, al dejar la Generalitat, en 1997, lo esperaban cargos bien situados y bien remunerados, ya que ha sido, entre otras, presidente de Autopistas de Catalunya hasta el 2003, y de Abertis Logística hasta el 2007, ambas en la órbita de La Caixa. Sus contactos con los circuitos más discretos del dinero, a lo que parece, se mantienen.