VALENCIA, J. L. G.
El secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, se niega a dimitir. Fuentes de su entorno aseguraron ayer que no presentará su renuncia voluntariamente en la reunión en la que, hoy, la cúpula del partido ha anunciado que lo apartará «temporalmente» del cargo.
Costa regresó ayer a Valencia tras un fin de semana de relativa desconexión. El pasado viernes, día de la fiesta regional, «fichó» en el Palacio de la Generalitat, aseguró ante los medios que tenía la confianza del presidente, Francisco Camps, y se marchó a hacer el Camino de Santiago.
Lo que luego ocurrió es conocido: la dirección nacional estuvo forzando a Camps todo el día para que destituyera al secretario general. Costa se negó a marcharse poniendo en un brete a su presidente y, pasadas las nueve de la noche, Camps terminó por ceder a la presión de Génova y anunció el «cese temporal» del «número dos».
Costa regresa, pero nada ha cambiado. Génova espera que el sacrificio del secretario general, uno de los dirigentes más salpicados por el «caso Gürtel», se haga oficial en el comité ejecutivo de hoy, como estaba previsto. Pero el todavía secretario general del PP mantiene el pulso con Camps y se niega a escenificar una dimisión voluntaria.
Así se lo transmitió el domingo al presidente por teléfono desde Zaragoza, según supo Levante-EMV (del mismo grupo editorial de «LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA»), donde apuraba las últimas horas de descanso junto a su pareja y un amigo.
A 24 horas de la reunión, fuentes cercanas a Costa mantienen que jamás presentará su dimisión, ya que «aceptar esta salida sería asumir que ha cometido alguna ilegalidad, y además de dañar su imagen, afectaría a la del partido». «Voluntariamente no cesará; tendrán que hacerlo por la fuerza», advirtieron desde el entorno del dirigente del PP. Como trasfondo de esta reflexión está el convencimiento del propio Costa de que no tiene por qué marcharse por hacer lo que ya se hacía antes de que él fuera secretario general del PP: contratar con Orange Market. Ante esta situación y con la incertidumbre sobre cómo va a justificar Camps una destitución cuando otros nombres también aparecen como conocedores de la supuesta financiación irregular a través de la «trama Gürtel», la intranquilidad reina la víspera del comité ejecutivo.