MARCOS PALICIO.
Oviedo, La factura de la crisis se pasa a nombre de todos. Expertos economistas convienen que la subida de impuestos anunciada por el Gobierno no concentra el peso de la nueva carga sobre las espaldas de las rentas más altas. Más bien la reparte al gravar el consumo subiendo el IVA, afirman, y penalizar a los sectores sociales menos acaudalados y «que dedican más porcentaje de su renta al gasto», según explica Juan Velarde, catedrático de Economía Aplicada. «No son los ricos los que destinan una parte notable de sus rentas a actividades vinculadas al IVA», apostilla.
En este punto, sin embargo, hay quien matiza animando a mirar «no sólo lo que vamos a ingresar, sino en qué lo vamos a gastar». Francisco Blanco, profesor de Hacienda Pública en la Universidad de Oviedo, acepta que la reforma tiene «un componente poco ideológico, es muy pragmática», y no cumple aquella promesa de concentrar el esfuerzo en las clases adineradas, pero es «acertada» y sube el IVA «en el momento oportuno». «Hay que tener en cuenta», asegura, «en qué vamos a gastar ese dinero, que va a ir al subsidio de desempleo, a políticas sociales o a mantener las rentas de aquellos a los que les está yendo peor en la crisis».
No tan optimista, Juan Velarde, vocal del Tribunal de Cuentas, apunta que la concentración del esfuerzo en los niveles más bajos de renta a través de la subida de los tipos general y reducido del IVA va a afectar al consumo y a «empeorar la distribución de la renta. La segunda consecuencia será que se encarezcan determinados productos que están en el mercado, que se van a vender menos, lo que supondrá un factor de freno para muchas actividades y forzosamente tendrá una repercusión en el empleo». Por lo demás, el efecto del incremento impositivo sobre las arcas públicas «puede que aumente algo los recursos del Estado», concede, «pero no va a resolver básicamente ningún problema». Porque estas dificultades, concluye, «no se resuelven nunca por el lado de la subida de los impuestos, sino por el de la disminución del gasto, que es lo que se ha abandonado».
En su esquina, Francisco Blanco defiende que el alza del IVA llega «en el momento oportuno, porque los tipos en España están más bajos que en Europa y la inflación baja» y sostiene que «no tendrá un efecto perjudicial sobre el consumo, que depende más de otros factores como el desempleo o la desconfianza». Subir el IVA, explica, además de necesario para equilibrar la diferencia con los tipos de nuestro entorno, es solidario, «equivale a que quien pueda consumir contribuya al esfuerzo del Estado» ante la crisis. Blanco aplaude además la supresión de la deducción de 400 euros en el IRPF, «una medida coyuntural que no debería prolongarse».
Su colega Francisco Delgado, profesor de Hacienda Pública, asegura que el nuevo sistema impositivo «no es del todo acertado», que «afectará más a las rentas bajas y medias que a las altas» y que «no es progresiva para cargar a los ricos con el esfuerzo de la superación de la crisis». A su juicio, la subida de un punto del impuesto sobre las rentas de capital para los primeros 6.000 euros «se queda corta», «habría que tocar el tipo marginal del último tramo, pasar del 43 al 46 por ciento el gravamen de las rentas superiores a 90.000 euros». Sostiene asimismo que la reforma llega en mal momento –«se tendría que haber hecho hace dos años, cuando todo iba bien»– y que no conviene subir el tipo reducido del IVA del siete al ocho por ciento, porque su «efecto negativo» llegará a una necesidad básica, porque «ese siete es el que pagamos por la vivienda».