J. C.
Oviedo, Todos los países se están enfrentando a una escalada del déficit público por dos causas: la recesión económica, que ha originado una súbita merma de los ingresos fiscales, por un lado, y, por otro, el elevado gasto generado por los gigantescos planes de salvamento de la economía y de la banca tras la quiebra de Lehman Brothers, las fortísimas medidas de estímulo y de inyecciones de liquidez realizados para evitar otra Gran Depresión y las políticas sociales de salvaguarda de los trabajadores expulsados por la crisis del mercado laboral.
Por tales razones, Olivier Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicó un artículo en agosto en el que sostenía que «las subidas de impuestos resultan inevitables».
EEUU acaba de anunciar una subida fiscal aunque ha asegurado que sólo afectará a quienes ganen más de 250.000 dólares (170.000 euros) anuales. Alemania subió el IVA hace dos años y ahora la canciller Ángela Merkel se ha comprometido a rebajar impuestos como le demandan los liberales. Pero Alemania, gracias a su gran capacidad exportadora y al repunte de la demanda internacional, ya empieza a salir de la recesión y prevé un aumento recaudatorio por la sola reactivación económica. No obstante, Alemania es quien abandera en el G-20 la reclamación de crear una tasa sobre movimientos de capitales. En Francia Sarkozy se niega a aumentar la carga fiscal aunque ha anunciado un impuesto ecológico sobre emisiones que gravará a los combustibles y suprimirá la exención de impuestos de que disfrutan los trabajadores en baja laboral. Italia no sube impuestos (aunque arrastra la mayor deuda pública de la UE) pero ha ofrecido que el dinero negro aflore pagando una multa del 5%. Reino Unido prevé subir el tipo máximo del IRPF en 2010 y restablecer el IVA en el 17,5% tras haberlo bajado al 15%.