Garzón ante el Supremo

El proceso al franquismo coloca al superjuez ante el magistrado Luciano Varela, un hombre de confianza de De la Vega con pasado de izquierdista

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Luciano Varela, en una foto de hace años, cuando el magistrado pontevedrés ejerció en Avilés, durante la década de los ochenta.
Luciano Varela, en una foto de hace años, cuando el magistrado pontevedrés ejerció en Avilés, durante la década de los ochenta. 

AGENCIAS. Oviedo, La salida del presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, en defensa de los magistrados del Tribunal Supremo que han admitido la querella de Manos Limpias contra Baltasar Garzón, ha vuelto todas las miradas hacia Luciano Varela, el magistrado pontevedrés encargado de instruir el caso contra el juez de la Audiencia Nacional por un presunto delito de prevaricación en la causa sobre los crímenes de la Guerra Civil y el franquismo.
Las informaciones que aseguran que la Sala Segunda del alto tribunal tiene a Garzón en su punto de mira para sentarlo en el banquillo de los acusados, llevaron al prudente Dívar a aprovechar la solemne apertura del año judicial, presidida por el Rey Don Juan Carlos, para exigir que se respete la independencia en la actuación de los magistrados que conforman esa Sala.
Pero a la vez, esas palabras de Carlos Dívar parece que han venido a reforzar los temores de quienes creen que esta vez si está en juego que acabe siendo encausado el juez que ha metido entre rejas a más de un millar de etarras. La semana anterior, era el dirigente del PP, Esteban González Pons, quien confesaba en voz alta: «No me gusta ver a Garzón declarando ante el Supremo».
El otro protagonista del episodio es Luciano Varela, que ahora parece tener en sus manos el futuro de Garzón. No se trata de un conservador. Al contrario, quien ahora puede acabar sentando en el banquillo al juez de la Audiencia es un magistrado que, en sus 25 años de carrera, ha dejado tras de sí una trayectoria de izquierdista radical. Fundador de Jueces para la Democracia, a Varela se le atribuye un ego equiparable al de su prestigioso imputado.
En la carrera judicial, el pontevedrés Luciano Varela pasa por ser un hombre de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Éste es uno de los datos que desde algunos medios se maneja para tratar de explicar la encrucijada de Baltasar Garzón. En este sentido, se recuerda que un sector del Gobierno se movió para impedir su acceso a la presidencia de la Audiencia. La perdición del superjuez se precipitó de forma definitiva al poner el marcha el proceso contra el franquismo. Al dejar en evidencia la Ley de Memoria Histórica, perdió apoyos, chocó con la fiscalía, enfadó a la derecha y por si esto fuera poco puso en pie de guerra al PP al ocuparse de la trama « Gurtel».
El hasta ahora «intocable» Garzón, contra quien se llegaron a presentar decenas de querellas sin que nunca hubieran salido adelante, se encuentra contra las cuerdas, a merced de la decisión que adopte el que fuera magistrado de la Audiencia de Pontevedra; el mismo que el pasado marzo fue ponente de la resolución del Supremo en la que se instó al Consejo General del Poder Judicial a que investigara si Garzón había incurrido en una falta disciplinaria por los pagos que percibió por sus labores docentes en la Universidad de Nueva York. Unas diligencias que se archivaron.
Aquellos cobros no le pasaron factura a Garzón. Pero ahora se encuentra ante el trance más delicado de su trayectoria profesional.Y con Varela otra vez frente a frente. La insólita escena que se vivió este mes en el Supremo —el juez de la Audiencia declarando como imputado y el jurista progresista pontevedrés dirigiendo el interrogatorio con el que le puso contra las cuerdas— nada tiene que ver con las que ambos vivieron antaño: Varela presentó varias conferencias Garzón, quien llegó a decir de él que podría convertirse en su «presentador oficial».
Una de esas charlas fue la que Garzón protagonizó en 1992, dos años después de dirigir la histórica «operación Nécora» contra el narcotráfico, un operativo policial e el, curiosamente, los destinos de estos dos magistrados también se cruzaron: Varela fue el primero en tomar declaración, en su época de juez instructor de Pontevedra, al arrepentido Ricardo Portabales. Pero remitió el caso a la Audiencia Nacional y Garzón se convirtió en el protagonista del primer gran golpe contra las bandas de narcos. Ahora el primer magistrado de la Audiencia de Pontevedra en acceder al Supremo, se encuentra ante una de las decisiones de mayor repercusión de su carrera profesional: Garzón al banquillo o no.

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