10 de abril de 2018
10.04.2018
La Pizarra

Aula en el Mediterráneo

"La movilidad me aporta muchas experiencias, como enfrentarme a un idioma que desconocía" - "Se establecen nuevos vínculos con personas de otras muchas nacionalidades; algunos serán para siempre"

14.04.2018 | 00:28
Óscar López, a la izquierda, detrás de la compañera del vestido de rayas, junto al resto de estudiantes.

Elegí Atenas como primera opción de mi destino de movilidad Erasmus por varias razones. En primer lugar, por la historia y la mitología griega. Desde que estudié el arte griego en bachillerato, he querido contemplar las famosas ruinas que se hallan por toda la ciudad y alrededores. En segundo lugar, por la situación geográfica. Aunque no tenga mucha conexión con el mundo del diseño y la ciudad parezca estar muy abandonada, en el sentido de "cero" rehabilitaciones en los edificios, sí que tiene lugares cercanos, como islas o pueblos muy interesantes que merecen la pena visitar. Y, finalmente, por el clima mediterráneo y las playas del mar Egeo.

Mi llegada al país sólo tuvo un problema: el alfabeto griego. Todo parece muy sencillo hasta que intentas encontrar alguna dirección y las calles están escritas en letras griegas o intentas leer algún cartel y no sabes lo que pone. Con el resto no tuve dificultades, porque antes de venir ya conocía a muchos de mis futuros compañeros con movilidades Erasmus, gracias a las redes sociales, de manera que nos ayudamos mutuamente con todo. Además, recibí ayuda del programa "Buddy" que tienen las universidades, en el que te asignan a un estudiante del propio país y universidad de destino que, de forma voluntaria, te acompaña a por todos los permisos, papeles y solicitudes que necesites.

La cultura griega y la calidad de vida es muy parecida a la española, la gente es muy amable y sociable. Siempre ves las terrazas de las cafeterías y bares llenas a todas horas y con una vida nocturna muy activa. Los amigos griegos que he hecho me han ayudado con todo sin pedírselo. En cuanto al nivel de vida, la comida es muy barata; de hecho, es más económico comer en restaurantes o tabernas que comprar en el supermercado y cocinar en tu casa. Además, la comida típica de aquí es deliciosa, ya sean gyros, moussaka o el típico yogur griego.

Por otro lado, la vida en la ciudad es un caos, como si estuvieran estancados en los años 90. Los conductores no ceden nunca el paso a los peatones y hay que tener mucho cuidado con la delincuencia, porque también es algo muy habitual.

La movilidad me aporta muchas experiencias, mejores y peores. Sin embargo, destaco el hecho de tener que enfrentarme a un idioma que desconocía y que me será de gran utilidad para ampliar mis opciones profesionales en el extranjero. Son muy importantes las relaciones personales. Conoces a mucha gente nueva que se encuentra en la misma situación, y que, poco a poco, con la ayuda del inglés, se van convirtiendo en tu segunda familia. Es, en definitiva, una rutina diferente a la que no estamos acostumbrados. Salir de la zona de confort al principio puede resultar un tanto complicado, pero sin darnos cuenta estamos ganando ya no solo una nueva visión del mundo, sino que hacemos nuevas amistades que seguro durarán en el tiempo.

Empezar un semestre en inglés -y en griego- me ha aportado, obviamente, una ruptura de la monotonía a la que me estaba mal acostumbrando. La sensación de sentirte solo por un momento se palpa durante los primeros días, aunque este sentimiento se desvanece por completo una vez te integras, pues la gente, tanto del propio país como de otras nacionalidades, te ayuda con todo lo que necesites. El hecho de empezar las clases con estudiantes de diferentes países contribuye a abrir tu mente para tener un nuevo punto de vista, no solo a nivel académico, sino que te enriquece de manera personal.

La universidad donde estudio mi último semestre es la Technological Educational Institute of Athens (TEI Atenas). El trabajo en el ámbito académico es muy similar al de mi actual centro de estudios, la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Zamora. Se trabaja mucho fuera del aula y los profesores te corrigen las propuestas en clase. El trabajo, la asistencia y la colaboración se valoran exactamente igual que en Zamora. Pero también estoy aprendiendo a trabajar con otras metodologías, resolviendo proyectos en grupo, de manera que cada uno tiene sus ideas y tenemos que ponernos de acuerdo para llegar a una conclusión conjunta. Una de las cosas que más me llamó la atención aquí en Atenas es que la vida estudiantil se encuentra muy ligada a la política y a los temas de actualidad, tanto a nivel nacional como internacional.

Creo que la beca Erasmus es una gran oportunidad que hay que aprovechar, sea cual sea el país de destino. Se establecen nuevos vínculos con personas de otras nacionalidades, algunos de los cuales serán para siempre; la experiencia de comenzar de cero en un lugar nuevo te hace madurar; aprender un nuevo idioma desconocido te puede ayudar en el futuro, y, al final, tendrás un montón de anécdotas que contarás y no olvidarás.

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