07 de noviembre de 2017
07.11.2017
La Pizarra

La fuerza oculta de la escucha al prójimo en las aulas

El encuentro reunió a cerca de 150 alumnos y profesores de la provincia - "Hay que ayudar a clarificar el problema, no juzgar y ser discreto", asegura una alumna

10.11.2017 | 00:56
Los alumnos zamoranos escuchan la labor del equipo de convivencia del IES Miguel Catalán de la localidad madrileña de Coslada.

La tercera edición de las jornadas de convivencia escolar volvieron a reunir en el IES Universidad Laboral a cerca de 150 alumnos y profesores de diferentes centros de Zamora, tanto capital como provincia, que están inmersos en esta manera de solucionar los diferentes problemas que entre alumnos se pueden dar en las aulas. Se trata de jóvenes comprometidos que aportan su tiempo y ceden su hombro para ser apoyo de tú a tú con compañeros que están atravesando una situación de acoso escolar.

Precisamente en el instituto que acogió estas jornadas existe un grupo de mediación, que se especializan en ejercer de terceras personas en cualquier conflicto -desde los rumores hasta los insultos, las peleas, amistades deterioradas o malentendidos- y que se caracterizan, como ellos mismos lo expresan "por saber escuchar y ponerse en el lugar del otro, ayudar a clarificar el problema, no juzgar, ser discreto y aceptar el acuerdo al que lleguen las partes, haciendo después un seguimiento para comprobar que se cumple". Lo que también quieren dejar claro es que la mediación "es voluntaria, confidencial y para nada un castigo", se subraya.

El protagonista de la jornada de la mañana fue el equipo de convivencia del IES Miguel Catalán de Coslada. Las siete alumnas y dos profesores que lo conforman pusieron sobre la mesa su método de trabajo, exportable a cualquier otro centro educativo del país y en el que el alumno tiene un protagonismo esencial. Juan de Vicente, orientador de este instituto madrileño, aseguró a los asistentes que todos ellos estaban "haciendo historia", puesto que el salón de actos estaba repleto "de personas con una sensibilidad especial por la convivencia, que demuestran que se puede mejorar la calidad educativa y que los centros deben enseñar no solo materias, sino también cómo convivir". De Vicente reconoció que en cualquier lugar, no solo en los colegios e institutos, hay conflictos. "Es algo intrínseco a la condición humana", apuntó. Fueron los finlandeses, según explicó, quienes primero estudiaron este fenómeno en el aula "y se dieron cuenta de que solo desde el punto de vista disciplinario no se evitaba, que otra manera de resolver conflictos es posible". Y ahí es donde entran de lleno los equipos de alumnos.

Y es que en el IES Miguel Catalán se involucra a los estudiantes a la hora de elaborar las normas de convivencia. "Si las hacen ellos, con el objetivo de ponerlas a su servicio y protegerse, es mucho más probable que las cumplan y, en el caso de no acatarlas, es más fácil que estén dispuestos a asumir el castigo", argumentó el orientador.

La escucha es la herramienta fundamental para estos grupos, "lo que no significa el tener que darle la razón al otro, sino comprenderlo", diferenció el ponente. Con estos mimbres, el instituto ha ido curso a curso ampliando su campo de acción en este terreno, en el que comenzó hace quince años, con un programa que se basa en las denominadas estructuras, grupos de personas que se reúnen mensualmente y atienden a distintos ámbitos, desde los círculos de convivencia hasta los delegados, las bandas del patio, los agentes de salud, ciberalumnos o incluso corresponsales de juventud, que se encargan de informar sobre las posibilidades de ocio y formación que existen fuera del centro. "Parece que es mucho trabajo, pero es que para ello también contamos con agentes externos, desde miembros de las concejalías de Juventud o Medio Ambiente hasta padres, es muy enriquecedor contar con sus ideas", reconoció su compañera Cristina Castillo.

Los círculos de convivencia fue una de las primeras figuras que se pusieron en marcha en el centro y base esencial del programa. Sus misiones principales se centran en detectar los conflictos e intentar solucionarlos, ayudar a los nuevos alumnos que llegan al instituto para que se puedan integrar y colaborar en el mantenimiento de la convivencia en clase. Por su parte, los delegados también desempeñan un papel fundamental. "Son los representantes de la clase ante el profesor y los que deben reunirse con el jefe de estudios o director si hay algún problema en el aula", especificó.

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