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AGENCIAS El presidente estadounidense, Barack Obama, presentó ayer oficialmente su propia propuesta de reforma sanitaria, en un intento de sacar del estancamiento la iniciativa, atascada en el Congreso desde que la pérdida de la mayoría absoluta de los demócratas en el Senado impidió la refundición de los textos que ya habían aprobado las dos cámaras.
La propuesta es muy similar a la aprobada en el Senado por su Partido Demócrata, pero hace ciertas concesiones a la versión de la Cámara de Representantes, que cuenta con un presupuesto mayor y da cobertura a más personas, además de contemplar un pilar público al que ahora Obama renuncia.
Según la propuesta de la Casa Blanca, 31 millones de personas sin cobertura pasarían a tenerla. La reforma, informa «Efe», costaría 950.000 millones de dólares (unos 700.000 millones de euros) en diez años. Esta cifra es superior a los 871.000 millones presupuestados por el Senado, pero inferior a los 1,05 previstos por la Cámara.
El plan de Obama pretende recortar el déficit público en 100.000 millones de dólares en la próxima década y un billón más en la década siguiente gracias a la disminución del gasto inútil y del fraude. En cualquier caso, la propuesta deberá ser examinada por la Oficina Presupuestaria del Congreso, y la Casa Blanca asegura estar dispuesta a modificarla y ajustar su coste si éste se incrementa por encima de lo previsto.
Entre las propuestas para contentar a los Representantes está la eliminación del trato especial a Nebraska y el establecimiento de un programa de ayudas a los estados para que absorban el coste de la ampliación de Medicaid -la asistencia sanitaria a pobres-, prevista para el período 2014-2017.
Del mismo modo, se apoyan las desgravaciones a pólizas de alto coste, pero se incluyen también medidas pactadas en junio con los sindicatos. En cuanto a las medidas más polémicas, no existe mención a la «opción pública», tan vilipendiada por los republicanos, pero tampoco se incluye la «enmienda Stupak», corrección introducida en la Cámara por el ala más radical republicana, que restringe el uso de fondos públicos para prácticas abortivas.
La propuesta se presenta días antes de la reunión televisada convocada por el propio Obama para el jueves, en la Casa Blanca, a la que están invitados congresistas demócratas y republicanos para debatir sobre la reforma.
El anuncio del nuevo texto fue mal acogido por los republicanos, aunque en realidad sería suficiente con que fuera bien acogido por los representantes demócratas, ya que, con algunos retoques, se podría presentar como una reforma del texto del Senado, lo que no necesitaría más que 51 votos en la Cámara alta. El portavoz republicano en la Cámara, John Boehner, arremetió contra la propuesta porque, dijo, supone vaciar de contenido la reunión bipartidista del jueves.
Una nueva normativa sobre el sector de tarjetas de crédito entró ayer en vigor en EE UU a fin de reducir las prácticas abusivas de las entidades emisoras y aclarar a los consumidores cuánto les cuesta vivir endeudados. La medida tendrá un impacto en las entidades financieras, que dejarán de ingresar unos 12.000 millones de dólares anuales.
«Esta ley supone un importante punto de inflexión para los estadounidenses», aseguró el presidente Obama, quien defendió que, «durante demasiado tiempo, las compañías de tarjetas de crédito han tenido libertad para emplear tácticas engañosas e injustas que cargaban a los consumidores costes irracionales».
Mientras, el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, se desmarcó de su partido, el republicano, al defender el plan de estímulo promovido por Obama, asegurando que ha creado 150.000 nuevos puestos de trabajo en el Estado que gobierna.
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