LUIS MUÑIZ / E. FUENTES, WASHINGTON
Barack Obama recibió una amarga decepción como regalo por su primer año en la Casa Blanca. El martes por la noche (madrugada de ayer ya en España), el republicano Scott Brown ganó a la fiscal general de Massachussets, Martha Coakley, un escaño en el Senado que, como poco, complica la aprobación de la reforma sanitaria que impulsa el primer presidente negro de Estados Unidos.
Con la victoria de Brown, un ex modelo del que nadie había oído hablar hasta hace unos meses, los demócratas pierden la mayoría absoluta que ostentaban en la Cámara alta, imprescindible para que la principal prioridad legislativa de Obama —y uno de los motivos de su creciente impopularidad— pueda ser aprobada. Los republicanos pasan a tener 41 senadores, por 57 de los demócratas, con los que votan habitualmente dos independientes.
«El presidente tiene que tomarse esto como un mensaje para reevaluar cómo quiere gobernar, y si quiere gobernar desde el centro, allí le encontraremos», advirtió el líder republicano en el Senado, Mitch McConnnell, según informa «Efe». Horas antes, Brown había asegurado que su triunfo por el 52% de los votos representa «un mensaje muy firme de que no vamos a seguir haciendo las cosas como hasta ahora». La derrota en uno de los estados más progresistas del país –hace 37 años que Massachusetts no tenía un senador republicano–, y en un escaño que durante casi medio siglo ocupó el liberal Ted Kennedy, precisamente un campeón de la reforma del sistema de salud, representa un golpe personal para Obama. De hecho, los analistas coincidían ayer en que lo ocurrido en Massachusetts es una llamada de alerta para los demócratas de cara a los comicios legislativos de mitad de mandato, que se celebran en noviembre.
Mientras, Obama intentó pasar por alto lo ocurrido. Telefonéo a Brown para felicitarle. Más hablador se mostró su principal asesor político, David Axelrod, quien reconoció que la derrota contiene «mensajes» para los demócratas. «Vamos a escuchar esos mensajes», prometió, porque «hay un sentido general de descontento con la economía y un sentido general de descontento con Washington». Con todo y la derrota de Massachusetts, los demócratas aún tienen varias posibilidades para ver aprobada la reforma, pendiente de armonización entre las Cámaras. La primera es convencer a un senador republicano moderado, a ser posible que no tenga que pasar por las urnas hasta 2012 o 2014, a cambio de favores que pueda vender bien en su Estado. La segunda es acelerar todo lo posible los trámites y lograr la aprobación antes de que Brown tome posesión. El electorado lo consideraría una trampa. También vería como un fraude la tercera posibilidad: hacer pasar la reforma por una ley presupuestaria, lo que rebajaría a 51 el número de votos necesarios para obtener luz verde. Esta opción tiene el inconveniente añadido de que obligaría a adelgazar mucho la ley, con lo que la victoria sería doblemente pírrica. Por último, cabe la posibilidad de que la Cámara baja acepte el texto del Senado sin introducir modificaciones. Esta última hipótesis tendría en contra a los demócratas más radicales y a los más moderados.