El fallido atentado aéreo de Al Qaeda el día de Navidad sobre Detroit (EE UU) sigue teniendo consecuencias. La Casa Blanca anunció ayer la suspensión de los procedimientos de repatriación de los 91 prisioneros yemeníes que permanecen en el campo de internamiento de Guantánamo. El portavoz presidencial, Robert Gibbs, aseguró que esta decisión es temporal y no altera el compromiso de la Administración Obama de cerrar lo antes posible esas instalaciones.
«Si bien seguimos comprometidos con el cierre de Guantánamo, se ha determinado que cualquier traslado adicional a Yemen no es, ahora mismo, una buena idea», declaró Gibbs. El terrorista que intentó el atentado de Detroit fue formado en Yemen, donde residió una temporada y consiguió los explosivos.
Según informó ayer el diario británico «The Times», al menos una docena de antiguos confinados en Guantánamo se ha reincorporado a las filas de Al Qaeda para combatir en Yemen, país que con sus 91 detenidos cuenta con el mayor contingente entre los 198 presos que todavía se encuentran en el centro penitenciario.
Seis prisioneros yemeníes fueron devueltos a su país el mes pasado, pero tras el atentado frustrado contra el vuelo 253 de Northwest Delta, las autoridades estadounidenses han expresado su preocupación ante la posibilidad de que Yemen se haya convertido en las últimas semanas en un refugio seguro para los terroristas. De hecho, la secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton, aseguró el lunes que la situación que vive Yemen -pobreza, rebelión chiita, fortalecimiento de Al Qaeda- convierte al país en una amenaza para la seguridad mundial.
Hoy por hoy, la única opción posible para los estrategas de EE UU es reforzar las capacidades militares del Ejército y la Policía yemeníes, mediante ayudas y mediante operaciones encubiertas. Se descarta cualquier intervención armada, incluidos los bombardeos, por su efecto contraproducente sobre la población.
De este modo, las autoridades yemeníes iniciaron ayer una ofensiva antiterrorista, que ha puesto en marcha a miles de efectivos, en la capital, Saná, y en las provincias de Shabwa y Maarib, donde se iniciado la caza del hombre. El primer resultado, tras la muerte de dos terroristas el lunes, ha sido la detención de cinco militantes de Al Qaeda en una redada.
Sin embargo, el gobierno yemení presenta inquietantes síntomas de debilidad, como revela el proceso por el que el actual presidente, Alí Abdulá Saleh, desea garantizar que su hijo Ahmed le reemplazará tras más de tres décadas en el poder. Para ello, le es absolutamente imprescindible contar con el respaldo de los grupos tribales, muchos de los cuales mantienen relaciones con Al Qaeda.