AGENCIAS.
Bruselas
El rey Alberto II de Bélgica decidió ayer rechazar la dimisión del primer ministro, el democristiano flamenco Yves Leterme, lo que, a corto plazo, le permite sortear de nuevo la grave crisis política, pero deja al país al borde de una confederación o de la escisión.
El monarca pretende que el Ejecutivo de Leterme, constituido hace cuatro meses, haga frente con carácter prioritario a la crisis económica. En paralelo, el rey ha decidido confiar a tres relevantes personalidades políticas, el ex presidente de la región-capital de Bruselas François-Xavier de Donnea, el europarlamentario valón (francófono) Raymond Langendries y el presidente de la comunidad germanófona, Karl-Heinz Lambertz, la tarea de allanar el camino al diálogo de flamencos y francófonos sobre la reforma institucional.
Estos tres «sabios», apreciados por sus habilidades negociadoras y su conocimiento de la compleja estructura federal belga, deberán buscar «garantías para que pueda abordarse de forma creíble un diálogo institucional», según el comunicado de Palacio.
Lo que traducido quiere decir, en opinión de los analistas, que tendrán que convencer a los partidos francófonos de que entablen una negociación en serio con los flamencos sobre el futuro de Bélgica.