La imagen de Hillary Clinton es a menudo la de una mujer ambiciosa y dura, pero muchos desconocen la faceta más personal de la ex senadora y ex primera dama, que es la de una mujer maternal y divertida que, además, es Secretaria de Estado. Esa es, al menos, la conclusión que saca «Vogue» que, en su edición de diciembre, dedica un amplio reportaje a la jefa de la diplomacia estadounidense.
Su autor, Jonathan Van Meter y las fotos, de la prestigiosa fotógrafa Annie Leibovitz, que once años después de sorprender con una Hillary glamurosa en la Casa Blanca, vuelve a retratar a Hillary mostrando ahora su madurez. Nadie lo puede negar: Hillary Clinton despierta sentimientos encontrados en muchas personas, pero ciertamente ha dejado una buena impresión en el periodista de «Vogue», que la ha acompañado en su reciente gira por África, la ha tratado, observado y entrevistado. El reportaje deja claro que la personalidad de la secretaria de Estado tiene muchas facetas que van desde la mujer distendida hasta la fuerte y sorprendente. Hillary Clinton puede llegar por las mañanas al Departamento de Estado con un café con leche, sin maquillar, cansada y hasta gruñona. Pero un minuto después, cambia de cara, se pone rímel, pintalabios y colorete y da tres entrevistas seguidas a televisiones sin necesidad de repetir ninguna toma.
Esa es su faceta de trabajadora, de luchadora y de mujer que no se rinde nunca. Pero también se toma tiempo para hablar de cosas livianas, de sus aficiones, de sus «amores» secretos y de sus preocupaciones, demostrando que su cargo y su «estrellato» no le impiden disfrutar de lo cotidiano. Lo que aparentemente más sorprende de ella es su imagen «maternal». Es una mujer que mima a los periodistas que la acompañan. Hillary reconoce que el hecho de ser «una Clinton» conocida en todo el mundo y de que su marido haya sido presidente son factores que la ayudan en su trabajo, y tampoco niega que pueda ser una inspiración para muchas mujeres. Hillary habla sin tapujos de su trabajo y de su vida privada, e incluso reconoce sin rubor que le «encanta» el ministro británico de Asuntos Exteriores, David Miliband. Recuerda cómo Miliband la «encandiló» en cinco segundos de conversación telefónica y admite que, en persona le gusta más «es tan dinámico, vital, atractivo e inteligente. Es realmente un buen hombre. Y es tan joven», bromea.