El director de cine franco-polaco Roman Polanski fue detenido ayer en Zúrich (Suiza), donde había viajado para recibir un premio del Festival de Cine de esa ciudad. La detención del cineasta, de 76 años, se debe a una orden internacional de busca y captura emitida por el tribunal de Los Ángeles (Estados Unidos) por un caso pendiente desde hace más de 30 años.
En 1977, los padres de una adolescente de 13 años interpusieron una demanda contra Polanski, al que acusaron de drogar y violar a la joven. El cineasta se declaró entonces culpable de haber mantenido «relaciones sexuales ilegales», por lo que fue enviado a prisión en «evaluación» durante tres meses, aunque sólo pasó 47 días. A finales de 1978, al día siguiente de una reunión entre sus abogados y un juez que había dado a entender que quería volver enviarlo a la cárcel, Polanski, en libertad bajo fianza, tomó un avión hacia Europa y nunca más puso un pie en Estados Unidos.
El director de cine, que tiene nacionalidad francesa, no puede ser extraditado desde Francia porque este país no tiene la obligación de extraditar a sus propios ciudadanos. Paralelamente los cargos de los que acusan los tribunales de Estados Unidos a Polanski no son extraditables, según la legislación francesa. Polanski desde 1978 ha evitado visitas a países que podrían extraditarlo y trabaja y vive principalmente en Francia, Polonia, Alemania y la República Checa.
Sin embargo, según informó ayer el diario «Los Angeles Times» la fiscalía del condado de Los Angeles, en California, se enteró de que el cineasta iría a Zúrich para recoger un premio y planificó el arresto. El diario citó a la portavoz Sandi Gibbons, según la cual la fiscalía envió una orden provisional de arresto al Departamento de Justicia que lo presentó a las autoridades suizas.
El pasado mes de diciembre Polanski pidió al tribunal que desechara todo el caso argumentando irregularidades en el comportamiento del fiscal que dirigió su acusación y en el trámite judicial. La fiscalía de Los Angeles respondió que no podía gestionar esa anulación mientras estuviese prófugo de la justicia estadounidense.
Por su parte, el Gobierno francés mostró ayer su disconformidad con la detención de Polanski. El ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand dijo que la detención es «absolutamente horrible». Las razones de la detención de Polanski residen, según opinó Mitterrand, «en una historia antigua que verdaderamente no tiene sentido». El ministro recordó que Polanski es «un ciudadano francés» y un «cineasta de dimensión internacional». Mitterrand aseguró que el presidente de la República, Nicolas Sarkozy, sigue de manera «muy atenta» lo que sucede con Polanski y que tiene la impresión de que el jefe del Estado «siente lo mismo que yo y que todos los franceses». Mientras tanto, la ministra de Justicia helvética, Eveline Widmer-Schlumpf, afirmó que en razón de una orden internacional de búsqueda y captura fechada en 2005, y de los acuerdos de extradición con Estados Unidos, Suiza no tenía otra solución que detener al cineasta. Roman Polanski está detenido a la espera de ser extraditado y según la ministra es probable que Polanski apele la decisión de extradición.