Cuando desapareció el Cuartel Viejo

Nace lo que se llamaría el barrio de José Obrero, al finalizar el Patronato Francisco Franco 177 viviendas en lo que hasta entonces se llamaba alto de San Lázaro

José-Manuel García Rubio

Corría el año 1957, trasladémonos a la entonces llamada plaza General Primo de Rivera, actualmente plaza Cuartel Viejo, muy cerca de la calle San Torcuato: En aquellos días el pétreo edificio allí situado, del Cuartel de Infantería era vendido en pública subasta con un tipo de tasación fijado por la Capitanía General de la Región, cuyo importe ascendía a 2.436.618,17 pesetas. Pronto los vecinos del entorno dejarían de oír aquel toque de diana que servía para despertarlos y los mayores recordarán su infancia, cuando veían a los soldados salir de dicho cuartel para ir formados hasta la cercana explanada junto a Plaza de Toros, lugar donde hacían instrucción.

Desaparecido el Cuartel, cuyo solar fue adquirido por el Corazón de María, dichos frailes levantaron gran edificio para ampliación del Colegio, cine incluido; todo lo cual tendría corta vida, ya que comenzando la década de los años ochenta fue derribado para construir el que hoy conocemos como Complejo Viriato.

No sé cual sería la causa, pero recuerdo que en aquella década había muchísimos más fumadores que actualmente, a pesar de aquella larga crisis económica, arrastrada durante tantos años. Uno de los más populares paquetes de tabaco se llamada «Caldo», el cual aquel verano del 57 subió de 5 pesetas a 7; motivo por el que buen número de fumadores se cambiaron a otra marca muy conocida también, llamada «Ideales», el cual costaba 2,10 paquete. Debido a ello ocurrió que los estancos no eran capaces de mermar las existencias del primero; en cambio el segundo era tan sumamente solicitado que, si tenías buena amistad con la estanquera, sólo así podías lograr alguno. Pero un gran sustituto de ambas marcas era aquel tabaco a granel, que llamaban «picadura» y vendían en pequeñas bolsas conocidas como «cuarterones»; esto era motivo por lo que fuese imprescindible llevar una «petaca» con cierta cantidad para consumo; y por supuesto el «librito» de papel de fumar. Era muy normal ver por la calle a fumadores sacando la petaca y echar en el fino papelillo lo suficiente para hacer un cigarro y después liarlo con la destreza que da tanta práctica, algo que llenos de envidia deseábamos hacer los chiquillos cuando llegáramos a mayores. Y claro que llegamos, aunque no lo suficiente, por eso había que hacerlo a escondidas. Aquel difícil ritual de «liar» el primer cigarrillo es inolvidable. Pero me faltaba contar la escena más completa, al menos que recuerde yo: Era aquella en que mientras el limpiabotas lustraba habilidosamente los zapatos a un cliente, este tranquilamente estribado en una de las columnas de los soportales en Plaza Mayor, liaba un cigarrillo con la clásica chulería. En otoño de citado año 1957 y con el aparato eclesiástico en plena efervescencia sabiéndose apoyado por el régimen impuesto, visitó nuestra ciudad monseñor Antoniutti, nuncio en España del entonces papa Pío XII. Dicha visita fue debida a la inauguración de esas placas de mármol, que hay en ambos lados antes de entrar a la Catedral, en las que pueden leerse las palabras que dicho Pontífice dedicó a la ciudad; al menos eso nos dijeron.

Pero aquella del 57 fue una triste Navidad, pues estaba dedicada a recordar a los españoles, y por supuesto algunos zamoranos, que combatían en la guerra de Sidi Ifni. A base de una colecta de donativos, nuestra ciudad les envió un aguinaldo consistente en: 150 kilogramos de rebojos zamoranos; 240 kilogramos de pastas de Moraleja; 25 cajas de licores y 2000 botellas de vinos, también zamoranos.

Apenas transcurrieron veinte días del nuevo año cuando una triste noticia sacudió el mundo de la música, pues a los cuarenta y cuatro años de edad moría en extrañas circunstancias el fornido y prestigioso Ataulfo Argenta, directo de la Orquesta Nacional y académico de la de Bellas Artes de San Fernando.

En el arte pictórico destacaba Antonio Tapies, principalmente por sus innovaciones, llamadas en aquel momento «vocación hacia lo informal»; pues daba a sus pinturas un aire terroso a base de descubrir nuevos pigmentos, y no conforme con eso, introducía en los cuadros trocitos de madera, toda una innovación revolucionaria en dicho arte.

Llegada la primavera del 58, las cortes franquistas aprueban por aclamación, como era de suponer, la llamada Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional; promulgada por Franco y sus asesores sin dar lugar a ninguna clase de estudios en comisiones. Contenía unos principios por los que según ellos debía regirse la vida de los españoles. Palabras del general: «Consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la historia».

A todo esto, el Partido Comunista español, en la clandestinidad hace un llamamiento para huelga general; pero sus preparativos fracasaron rápidamente debido a la represión desencadenada por el gobierno, asustando a las gentes.

Por aquellos días citado gobierno firmó la entrada de España en el Fondo Monetario Internacional. Era cuando en los cines triunfaba una película titulada «Las chicas de la Cruz Roja».
La famosa ayuda americana, tan picarescamente expuesta en la película titulada «Bienvenido Mister Marsall», comienza a dar sus frutos, principalmente para los yanquis, pues era el principio de un gran y extenso periodo de la base aérea de Torrejón de Ardoz en Madrid y la aeronaval de Rota, en Cádiz, pasando ambas a ser prácticamente territorio americano.

La primera curiosidad del año 1958 en nuestra ciudad fue la adquisición en nuestra Semana Santa de un solar de 1200 metros, contiguo a la iglesia de Santa María la Nueva, para construir un museo.

También con el nuevo año comenzaba a nacer un nuevo barrio en la ciudad, al que llamarían «San José Obrero». El llamado Patronato Francisco Franco finalizaba 177 viviendas en el hasta entonces llamado alto de San Lázaro, dándose la curiosidad que las once nuevas calles llevarán el nombre de ríos zamoranos; y su plaza se llamará como el barrio.

Otra curiosidad de 1958 acaeció en el mes de mayo: Ofrecido por la Asociación Zamorana de Bellas Artes, el gran guitarrista de fama mundial Narciso Yepes dio un concierto en el Teatro Ramos Carrión, repleto de público.

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