Sacan el móvil, le hacen una foto a Viriato con la cámara que lleva incorporada y envían la imagen a través de un mensaje multimedia. Llevan el portátil en la maleta, conectan con la red WIFI del hotel y mandan un correo electrónico. En última instancia marcan un número de la agenda y llaman al familiar o amigo para contarle las vacaciones, pero aún quedan muchos nostálgicos de las postales tanto dentro como fuera de las tiendas.
Según los comercios de souvenirs, situados en su mayoría en el casco antiguo de la ciudad, la postal más vendida es la de la Catedral de Zamora.
Otro elemento muy solicitado y que suele gustar mucho a los coleccionistas es una tira desplegable, con formato rectangular, en la que hay varias fotografías de distintos puntos de la ciudad que pueden verse en forma de cascada. «La tira es uno de los elementos que suelen llevarse los turistas de recuerdo porque sintetiza en muy poco espacio lugares emblemáticos de Zamora que, seguramente, han visitado en su paso por la capital», señala Enri Lobo, una de las dependientas.
Al tratarse de varias postales unidas, es un producto más atractivo para gente que quiere llevárselas a su casa, que para un comprador que luego va a separarlas para enviar por correo.
Estos objetos sólo están disponibles en estancos y en tiendas de souvenirs. Las propias vendedoras aseguran que aunque tardan mucho tiempo en venderlas las dejan porque ellas también han acabado convirtiéndose en melancólicas del envío tradicional.
Luis González es dueño de una librería y asegura que este tipo de tarjetas está cayendo en desuso y que ahora la gente prefiere las acuarelas originales, aunque sean un poco más caras, o los manuales en los que se explica la historia de la ciudad.
t Niños, mayores y extranjeros. Las fichas con imágenes emblemáticas de Zamora no tienen un perfil de comprador especialmente definido, aunque sí destacan los extranjeros (aún a riesgo de que ellos lleguen antes que la carta), las personas mayores (por tradición o por tener más dificultades en el uso de las nuevas tecnologías) y los niños, especialmente aquellos que están de campamento y quieren escribir unas letras a sus padres o hermanos.
En verano su venta aumenta hasta tres veces comparando con cualquier mes del resto del año. Otra época álgida es la Semana Santa, una festividad con mucho arraigo que atrae a numerosos turistas tanto de dentro como de fuera de las fronteras españolas, lo cual conlleva a propiciar su compra.
Los carteros por su parte siguen viéndolo como algo anecdótico, al compararlo con el volumen de correo que manejaban antes.
En la ciudad, aunque suelen llamar la atención las que proceden del extranjero, se envían y reciben a España casi a partes iguales.
En las zonas rurales, sin embargo, entran más postales de las que salen. Durante la época estival, un cartero puede repartir, de media, una cada día, mientras que en el resto de estaciones puede tener una al mes o, incluso, ninguna. La mayoría de las tarjetas que llegan a las casas de los pueblos proceden de familiares.
Si las tarjetas vienen del extranjero suele ser porque los remitentes viven allí y si son de zonas costeras es porque se han ido de vacaciones.
t Más barato que un MMS. Una postal cuesta 25 ó 30 céntimos . Su envío a nivel nacional cuesta 0,34 euros, a países de la Unión Europea 0,64 euros y al resto de países 0,78, mientras que enviar un mensaje multimedia a través del móvil suele superar el euro, sólo dentro de España, pero muchos de los establecimientos no tienen sellos en sus tiendas y aseguran que hay turistas que prefieren no comprar la tarjeta a cruzar la calle para comprar el sello en el estanco.
Las principales causas del descenso del envío de cartas es la aparición de las cámaras digitales y su bajo precio, a lo que hay que añadir que las imágenes de las postales se han quedado anticuadas y no se renuevan desde hace, como mínimo, treinta años.
Las tarjetas que se venden en Zamora no sólo recogen rincones de la capital, sino que también tienen imágenes de zonas de la provincia como Toro o Sanabria e, incluso, se pueden encontrar de otras comunidades autónomas, como Galicia. Por supuesto, tampoco falta la mujer vestida de sevillana, con la falda de tela cosida sobre el cartón.

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