Semana Santa Zamora 2010
La Guardia Civil escolta la salida del Santo Entierro de la iglesia de San Esteban, bajo la atenta mirada de la Virgen de los Clavos. / M.R.G.
 

Para la historia

El Santo Entierro recupera la salida de San Esteban con el primer desfile en el que participan las más de 200 mujeres cofrades inscritas tras abrirse el cupo a féminas
 
Carlos Gil

La Semana Santa 2010 pasará a los anales de la Cofradía del Santo Entierro debido a una serie de circunstancias que propiciaron que el desfile no fuera uno más, sino que tuviera una alta significación simbólica. En primer lugar porque las mujeres se incorporaban por primera vez al desfile -superan las 200 las hermanas de la cofradía tras abrirse el cupo a las damas- aunque en realidad no fue este un aspecto llamativo en la procesión porque salvo raras excepciones era muy difícil conjeturar si el hermano que iba bajo el caperuz de negro terciopelo era hombre o mujer. El Santo Entierro recuperaba la salida desde la iglesia de San Esteban, abandonada a mediados del siglo pasado -1964-. Los hermanos accedían a sus filas desde la cercana plaza del Cuartel Viejo, por la calle Palomar y en Pianista Berdión coincidían con los pasos, que se alineaban en el borde de la plaza de San Esteban. La Urna, el paso titular, salió de la iglesia a los acordes del himno nacional. El presidente de la Cofradía, Luis Boizas analizaba positivamente el desarrollo del nuevo inicio procesional, pero no está del todo satisfecho y cree que se puede mejorar.

Otra novedad fueron los hermanos pedidores que se incorporaron al desfile justo detrás del piquete de policías a caballo, y que portaban varas rematadas por huchas metálicas recreadas de la tradición de la hermandad y cuyos beneficios irán íntegramente a parar a la obra social. «Los donativos se entregarán directamente al párroco para que los distribuya según su criterio», indicó Boizas, una donación que se hará en un acto privado y sin mayor publicidad. Y otro punto de interés estaba en las mesas de la Virgen de los Clavos y el paso titular del Santo Entierro que salían por primera vez en procesión una vez renovadas.

Con estos mimbres se puso en marcha el cortejo más oficial de la Semana Santa zamorana, con todos los pasos escoltados por la Policía Nacional, Guardia Civil, bomberos, los tres ejércitos -entre otros mandos estaba el almirante jefe de Asistencia y Servicios Generales de la Armada, Estanislao Pery-, la Policía Municipal con uniforme de gala, los presidentes y representantes del resto de cofradías y las autoridades.  Aunque nadie quitaba la vista al cielo plomizo por los precedentes de lluvia que se han cebado sobre esta procesión en los últimos años, todo discurrió con toda brillantez. Incluso el sol recibía a la Magdalena cuando entró en la plaza de la Catedral. Las bandas de música se decantaban mayoritariamente por Thalberg para ese momento, aunque hubo marchas para todos los gustos y como siempre brillaron formaciones como la Banda de La Marina, la de Zamora -la más numerosa de largo- o la del Maestro Nacor Blanco.  Colocados los grupos en el atrio de la Catedral, los jefes de paso advertían a los cargadores «a la primera gota de lluvia, aquí todo el mundo», pero el descanso se desarrolló con normalidad, cada uno con su cuadrilla o familia degustando los más o menos abundantes convites que saben sin duda a gloria en ocasión tan memorable.

Terminado el descanso la procesión reanudó el camino de vuelta cuando empezó una fina lluvia, un aviso que unido a las predicciones meteorológicas en poder de los responsables de la procesión, hizo que se tomaran medidas inmediatas para proteger los grupos escultóricos del agua. En esos momentos, recuerda Boizas «la estética pasa a un tercer lugar». Estaba saliendo La Piedad, a la que se ordenó volverse hacia la Catedral, donde se guardaron los pasos, bien en el interior del templo bien en el amplio arco de entrada. Los cuatro pasos precedentes -Magdalena, Conversión del Centurión, Lanzada y Descendimiento- siguieron su camino con rapidez hacia el Museo, mientras las miles de personas que aguardaban en el recorrido comprobaban con desolación cómo los cofrades pasaban a su lado con el caperuz bajo el brazo. Pocos entendieron tan rápida suspensión «por cuatro gotas», aunque luego siguió lloviendo, como decían los pronósticos que conocía la cofradía. En un claro los cargadores aprovecharon para trasladar al Museo por la vía rápida el resto de los pasos -La Piedad, el Descendido, San Juan y Nuestra Señora y el Retorno del Sepulcro-, mientras tres grupos se quedaron en la Catedral hasta que a las cinco de la tarde de hoy se trasladen al Museo -Virgen de los Clavos, Urna y la Conducción al Sepulcro-.

De un primer análisis, realizado en la mañana de ayer se desprende que no ha habido daños en ninguno de los grupos escultóricos, señaló Boizas, aunque seguramente haya que repasar la pátina de las mesas.

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