![]() Fría noche de esperaUna plantilla mixta saca, cuarenta años después, a la Virgen de las Espadas en la procesión de Nuestra Madre B. Blanco Era uno de los momentos más destacados de la noche, la salida, cuarenta años después, a las calles de Zamora de la Virgen de las Espadas. Y la espera no defraudó a los zamoranos y turistas que desafiaron al frío de la noche para presenciar la puesta de largo de esta recuperada imagen, cargada por una plantilla mixta y con una mesa diseñada por Antonio Pedrero y hecha realidad por el tallista zamorano José Antonio Pérez. Menuda, con un elegante manto negro bordado en oro y con un rosario entre sus manos, la Virgen de las Espadas apareció en la Plaza Mayor, con su gesto angustiado y de dolor por la pérdida de un hijo y entre docenas de rosas blancas y rosas que decoraban una mesa bajo la que iban 18 hombres y mujeres, que habían estado ensayando días antes para hacer un digno papel durante todo el recorrido. Un recorrido que se vio amenazado por la lluvia. Ya por la tarde, el agua no dejó terminar la procesión a la Cofradía del Santo Entierro y algunos de sus pasos tuvieron que quedarse en la Catedral. Las nubes encapotaban el cielo por la noche y apenas dejaban entrever la luna menguante de Viernes Santo. Así, con la mirada hacia arriba, los hermanos de la cofradía se preparaban para lo peor. Pero, finalmente, pasadas las once de la noche, la banda de cornetas y tambores «Ciudad de Zamora» ponía el punto de inicio del desfile y comenzaba la antepenúltima procesión de la Semana Santa zamorana. Ya colocadas en la plaza del Fresco, junto a la iglesia de San Vicente, templo de salida, se podían atisbar las dos imágenes marianas. La Virgen de las Espadas fue la primera en salir y, a su paso, se hizo el silencio. Era mucha la expectación y acaparó multitud de flashes ante la curiosidad del público. Detrás de ella, la banda de música poniendo el ritmo al paso. Un cuarto de hora después de la salida, la lluvia hizo presencia, pero sólo tímidamente, por lo que la procesión continuó sin incidencias. Arrancó también Nuestra Madre, acompañada por las damas de luto, portando sus tulipas y, todos juntos, continuaron el recorrido hasta encontrarse con el Santo Cristo de las Angustias, que esperaba en el Museo de Semana Santa, con los hermanos y hermanas cofrades, para ser la cabeza del desfile. Desgraciadamente, poco recorrido pudo hacer esta talla del siglo XVI, ya que la lluvia volvió a aparecer y los hermanos decidieron, a la altura de la plaza de Viriato, resguardarlo de nuevo en el museo, mientras que el público comenzaba a abrir sus paraguas. Sin embargo, el resto de la procesión pudo proseguir con normalidad, ya que el agua cesó y los hermanos, junto con los pasos de la Virgen de las Espadas y Nuestra Madre pudieron finalizar en la Plaza Mayor, de nuevo, para terminar, cerca de la una y media de la madrugada, con el canto de la Salve.
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