Semana Santa Zamora 2010
Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora. / D. Rodríguez

«Sólo daría un baculazo si una cofradía se pone en un caso extremo y niega el acceso a la mujer»

«Soy consciente de que hay directivos y hermanos a quienes les molesta que ellas participen en igualdad. Necesitan tiempo para cambiar»
 
José María Sadia

El obispo de Zamora nos abre las puertas de su casa porque está dispuesto a contestar a las principales dudas de los zamoranos sobre el papel de la Iglesia en la Semana Santa. Siempre la cara amable, la respuesta positiva, el acuerdo en lugar del  enfrentamiento. «Que quede claro que yo no sufro con la Semana Santa», advierte Gregorio Martínez. Una hora de conversación con el prelado sostiene esa afirmación.

-Afronta por cuarto año la Semana Santa de Zamora, a la que vino con «ojos nuevos». ¿Qué conclusiones saca de lo vivido hasta ahora?

-Tengo que reconocer que me ha sido fácil meterme en ella y descubrir lo bueno que hay. Rascando un poco, encuentras una Semana Santa de bastante religiosidad todavía, ojalá no se adultere.

-¿Todavía?

-En esta situación tan laicista que estamos viviendo, el peligro es convertir la Semana Santa en una pura cuestión cultural o turística. Es mi responsabilidad que esta celebración no pierda su origen cristiano en Zamora.

-Según sus palabras, ¿ha disfrutado más que ha sufrido en todo este tiempo?

-Si le soy sincero, la gente cree que…

-Los zamoranos piensan que usted sufre…

-Cierto. Hace poco me dijeron que la Semana Santa era la cruz de todos los obispos que han venido. Bien, es cierto que tiene sus dificultades y que hay cizaña, pero también hay trigo, gran trigo. Lo descubro, lo valoro y lo gozo. Pongo un ejemplo: la procesión de las Capas. ¿Cómo va a ser sólo teatro? Ahí hay algo, hay un sentimiento. Lo mismo ocurre con la plaza de Viriato en el canto del Miserere y su silencio sepulcral.

-Ése es el valor principal con el que usted se queda…

-Sí, y es el que yo quiero representar y promocionar. Siempre lo repito en el contacto con los presidentes de las cofradías.

-Por lo tanto, religiosidad como origen fundamental. Ocurre que algunas veces se piensa que a ustedes les produce cierta molestia lo que esta celebración genera a su alrededor. ¿Es usted esquivo hacia ello?

-¿Cómo voy a serlo? Cómo voy a estar en contra de que tanta gente venga a contemplar con ese respeto los pasos centrales de los misterios de nuestra fe. Porque no pasa Viriato, eso hay que aclararlo, pasa Jesucristo y eso para mí es un gozo inmenso.

-La obra social dio origen a muchas cofradías en Zamora. Algunas están protagonizando claras iniciativas en este sentido. ¿Animaría al resto a seguir el ejemplo al hilo de la crisis económica actual?

-Toda cofradía católica tiene esa dimensión, no es un añadido ni propio de dos o tres. He animado a todas en público a que tengan esta dimensión y a que un apartado de las cuotas vaya dirigido a subsanar las dificultades de los pobres.

-¿Está satisfecho entonces?

-Sí, porque cada vez se va despertando más esta vertiente de apoyo y solidaridad con los necesitados.

-Ustedes han protagonizado diversas iniciativas solidarias que han canalizado a través de Cáritas. Aunque no son nuevas, sí se han intensificado con la catástrofe de Haití, ¿cómo ha sido esta labor en Zamora?

-Estoy muy satisfecho de la respuesta que las parroquias de Zamora han dado a la petición de Cáritas por Haití. Estoy orgulloso de que Cáritas esté realmente a la cabeza de las instituciones, sabiendo que no es una ONG más, sino la obra de la Iglesia para el servicio de la caridad.


Me gustaría tener un mayor conocimiento de los jóvenes y mi obsesión es acercarme más al Campus



-Hablemos de los jóvenes, un colectivo que preocupa mucho a los gobiernos. Del conocimiento que usted tiene de los jóvenes zamoranos, ¿qué opinión tiene?

-No tengo todo el conocimiento que yo quisiera. Me gustaría tener un contacto más directo y personal del Campus, una de mis obsesiones. Cuando hago visita pastoral, voy a los colegios y no percibo que estén de modo distinto al resto del país. Ahora bien, ¿cómo explicas esta afluencia tan impresionante de gente joven a las cofradías? Salgo a ver las procesiones, como la del Espíritu Santo, y el 80 por ciento de los cofrades son muy jóvenes. Alguien puede decir que son sólo de procesión, pero volvemos a lo de antes, a una procesión vestido con un chavalín de la mano no se va a hacer teatro. Cuando yo voy a esta procesión, siempre veo esta imagen de padres de 25 a 30 años con sus hijos en los brazos o de la mano y eso quiere decir que se les quiere transmitir algo desde la cuna. Estoy muy de acuerdo en potenciar la presencia de los jóvenes en las cofradías, pero yo deseo y se lo he dicho a los presidentes que, hay que aprovechar la Jornada Mundial de la Juventud para implicar a la gente joven facilitando su incorporación a las cofradías, no sólo a las directivas. No se puede estar veinte años esperando para entrar.

-¿Qué solución se lo ocurre?


-No lo sé, pero hay que arreglarlo. Veinte años de espera y cuando llega el momento esa persona ni existe, ni está aquí. No podemos reducir esto ni a los de siempre ni a las personas mayores. Hay dos iniciativas ya para implicar a los jóvenes. El Vía Crucis de hoy con el Cristo de los Gitanos y una especie de aula para jóvenes que pertenecen a las cofradías y que luego puedan desempeñar los cargos.

-¿Listas abiertas?

-No debo opinar en algo interno de las cofradías. Así como tengo que velar por que conserven el espíritu y la letra de una cofradía católica, en la organización, ellos deben tener la creatividad y libertad suficiente para buscar soluciones. Yo sé lo que tengo que hacer y lo que no.

-El presidente de la Junta Pro Semana Santa, Pedro Julián, ha agradecido su apoyo en momentos difíciles. ¿Su relación con el resto de presidentes es similar?

-Desde que yo vine, es constante la llegada de directivas a mi casa por la noche. Han venido casi todas y algunas varias veces. Vienen sin llamarlas, como tiene que ser. Tengo mi casa llena de objetos de Semana Santa y ya no sé donde ponerlos. Por eso, reitero que el obispo goza con la Semana Santa y con las personas que intervienen en ella. Sólo en tres años, son conocidas e incluso amigas.

-Acaba de reorganizar la distribución de los capellanes, ¿está contento con su labor?

-Sí, plenamente, igual que con el delegado Miguel Ángel. Hemos nombrado capellanes jóvenes. Sé que están ilusionados. Su presencia responde a lo que deben ser los capellanes, quienes facilitan el espíritu de las cofradías.

-Dice que muchos de esos nombramientos son jóvenes. Sin embargo, parece que las vocaciones no están en su mejor momento, ¿qué ocurre?

-Eso pensamos nosotros, ¿qué pasa? Hacemos lo que podemos. No vemos fruto por ahora, pero creo que el fruto caerá del árbol maduro. No va a haber la cantidad de sacerdotes de  antes, pero, por el humus religioso que todavía existe en Zamora y en sus familias, estoy seguro que a la vuelta de unos años saldremos de esta situación dura y difícil, que nos obliga a estrecharnos mucho, porque estamos pluriempleados.

-Usted habla con orgullo de los jóvenes que participan en las cofradías, pero falta que ellos demuestren públicamente el orgullo de su fe católica…


-Eso me lo habrá oído decir muchas veces. Espero que de ahí salga alguna vocación, porque hay jóvenes que quieren recuperar la Semana Santa de antes.

-Hablemos del Estatuto Marco, que les ha hecho trabajar. Llegados a este punto, ¿ha sido difícil la concordia entre todos?

-El espíritu es bueno, no ha habido ninguna postura rotunda en contra. Hay gente que ya lo ha hecho, otra que tiene reticencias… Es un proceso largo, en el que he dado orientaciones para hacerlo con paciencia. Lo fundamental está en que las cofradías se definen por sí mismas como asambleas de fieles cristianos, hombres y mujeres. Todas las mujeres, por el hecho de estar bautizadas, tienen la misma dignidad y ha de reflejarlo el Estatuto. Yo tengo que velar por ello. Es cierto que hubiera sufrido menos si no lo hubiera hecho yo, pero me ha tocado a mí. No estamos en el final todavía, sino en el medio todavía y se está haciendo con espíritu cristiano. Yo ya he dicho que no daré nunca un baculazo.


Por encima de la tradición está la ley de la Iglesia. Por ello, yo defenderé siempre la igualdad y dignidad de la mujer



-Sin embargo, usted es consciente de que hay cofrades y directivos a los que les molesta la participación de las mujeres. ¿Qué opina?

-Me parece bien, todo el mundo necesita tiempo para cambiar y yo voy esperar. Hasta que no sea un caso de oposición a rajatabla, voy a esperar. Solamente daría un baculazo en un caso extremo.

-Es decir, que tiene paciencia para rato…

-Sí, como voy a estar aquí mucho tiempo, se supone que lo conseguiré.

-De los presidentes que han venido a verle, ¿le han planteado este asunto?

-Sí, éste y otros.

-¿Y le han hecho dudar cuando le han dicho que en sus cofradías la tradición masculina ha sido así siempre? ¿Ha pensado que puede estar siendo injusto?

-No dudo, porque esto sí que lo tengo claro. La costumbre no puede ser más que la ley de la Iglesia. Yo defenderé siempre la igualdad y la dignidad de la mujer. Somos hijos de Dios. Las costumbres se pueden cambiar. Hubo un tiempo en que fueron de hombres sólo, porque la ley también era así y la mujer estaba marginada, pero esa situación hoy ha cambiado.

-Le tiene que llenar de orgullo que algunas mujeres hayan venido a verle por este asunto.


-Sí, y a alguna cofradía se le ha tenido que advertir de una forma seria de que esto tiene que ser de otra manera.

-Como usted tiene paciencia, dentro de unos años, este tema dejará de ser noticia…

-Yo espero…

-Habrá mujeres en todos los desfiles…

-En todos los desfiles que quieran ellas. El mensaje es que toda mujer tiene los mismos derechos que el hombre en la iglesia en estas cuestiones. Si quiere, puede.

-Y quieren…

-Sí, claro que quieren.

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