![]() Imágen de Nuestra Señora de los Dolores. / M.B. Cielo plomizo sobre la DolorosaEl temor a la lluvia hizo que el desfile de Nuestra Señora fuera a un ritmo más rápido del habitual en una noche muy fría en Toro M. B. El día entero se lo pasaron mirando al cielo las asociadas de Nuestra Señora de los Dolores en particular, pero también los devotos toresanos en general, comprobando si era benevolente y cesaba de llover para poder procesionar la imagen de Nuestra Señora de los Dolores. Finalmente lo fue y con ello tuvo lugar la primera de las procesiones de la Pasión toresana, que transcurrió, eso sí, más apresurada que en otras ocasiones por miedo a que el agua volviese a hacer acto de presencia. Así, a las diez de la noche salió la bella imagen de la Virgen, de rostro entre doloroso y sereno, del templo de San Julián de los Caballeros en medio de la emoción de quienes la esperaban a sus puertas y de las propias asociadas, que cada a Semana Santa piden a la Dolorosa poder acompañarla al año siguiente entre alguna que otra lágrima. Llevada a hombros por los hermanos de la cofradía de Jesús y Ánimas de la Campanilla, la Virgen fue saliendo de la iglesia bajo los acordes del «Mater mea», interpretada por la banda municipal de música La Lira. Tras ella, las asociadas, sin distinción entre la junta directiva: «aquí somos todas iguales y todas acompañamos de igual manera a la Virgen», decía la presidenta del colectivo religioso, Mari Carmen Hernández, quien lleva al frente de este cargo más de quince años, una labor que el pasado año la hizo merecedora del reconocimiento de Cofrade de Honor que otorga la Junta Pro Semana Santa. Tan iguales eran que tampoco se distinguía la presencia de la subdelegada de Gobierno en Zamora, Pilar de la Higuera, quien, ataviada de luto y portando la insignia de la asociación, desfiló con el resto de mujeres de la hermandad, por la que fue invitada al acto en el transcurso del pregón inaugural que tuvo lugar el pasado 20 de marzo, siendo la primera vez que participaba en una desfile procesional en Toro. En medio de las luces y las flores que adornaban la mesa que portaba la imagen, la Virgen de los Dolores recorrió el centro de la ciudad vestida con el manto de terciopelo negro bordado con hilo de oro y con mantilla de finas blondas de encaje, mientras que durante todo el novenario ha llevado el manto bordado de estrellas donado recientemente por una asociada. Solo la cruz procesional con los ciriales y el estandarte de la congregación acompañaban a la Dolorosa en su peregrinaje. Una procesión sencilla y emotiva que, un año más, demostró que sigue haciendo mella entre los toresanos. Al finalizar, como en otras ocasiones, una multitud de personas aguardaban a las puertas de San Julián para ver la entrada de la imagen en el templo y escuchar la Salve entonada al unísono por las cofrades y por todos aquellos que quisieron acompañarlas en el ruego.
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