La alargada sombra de Santa Teresa

Después de la gran apuesta de la Junta por la mística en la muestra de Ávila, Aqva nacía "condenada" a cumplir un papel de transición

23.10.2016 | 03:25
La alargada sombra de Santa Teresa

Ha cumplido las expectativas la muestra Aqva? La pregunta es clave ahora que sabemos que la nueva exposición de Las Edades terminará el próximo 14 de noviembre tras la negativa a la prórroga de la edición toresana. La respuesta, sin embargo, se antoja complicada. Quizá no haya una sola y, en todo caso, depende para quién. La Fundación puede sentirse orgullosa de mantener vivo un milagro que nació hace 25 años y que ha logrado llevar a millones de personas a los templos de Castilla y León para disfrutar de un arte que, de otro modo, habría estado condenado a la irrelevancia. En cambio, en Toro existe un regusto agridulce, una triste sensación de oportunidad perdida. Puede que Aqva no haya saciado la sed de los toresanos o, dándole la vuelta al argumento, acaso en la Ciudad de las Leyes la sed fuera demasiado grande para ser saciada.

En principio, la propuesta no lo tenía fácil. Aqva sería la continuación de la gran muestra dedicada a santa Teresa, que solo unos meses antes había cerrado sus puertas tras dos prórrogas y más de 400.000 visitantes. El misterio de la figura de Teresa de Ávila unido a un recorrido que llevaba a los turistas de peregrinaje desde Alba de Tormes a Ávila por cuatro templos -clave de su éxito- demostraron el especial interés de la Junta de Castilla y León por asociar la figura de la mística a la comunidad. ¿Qué papel podría desempeñar la siguiente edición? Toro y Aqva nacían el pasado mes de abril condenadas a ser una edición más, una muestra de transición a la espera de nuevos retos. Y quizá eso ha pesado en el saldo final.

Aqva no superará los 250.000 visitantes, pese a haber mejorado en los últimos meses la media de turistas -en torno a 1.450 diarios- del tibio arranque, en el que la afluencia no superaba el millar de personas. ¿Resultan desdeñables los datos? En absoluto. Pero la cifra quedará en tierra de nadie. Por debajo de la nueva etapa de Las Edades, que arrancó en las "Medinas" con Passio y más de 300.000 visitantes y terminó en 2015 con el citado éxito de Teresa de Ávila. Los números toresanos están a la altura de Monacatus, la exposición de las montañas burgalesas, lejos del "renacimiento" experimentado en Aranda de Duero con Eucharistia, que de nuevo superó las 300.000 personas.

Resulta injusto, en todo caso, medir el éxito de Aqva por sus guarismos. Para mí, el verdadero motivo de la insatisfacción de los toresanos tiene que ver con una conversación que mantuve hace meses. Un simpático "coach", uno de esos "entrenadores" que tan de moda han puesto las empresas, me convencía del motivo por el que los productores de Juego de Tronos habían elegido Girona para rodar parte de su sexta temporada en lugar de acudir a Castilla y León, región plagada de localizaciones históricas nacidas para la serie. "Girona sedujo a Juego de Tronos con una oferta de valor: un original casco histórico, las sugerentes playas de la Costa Brava y uno de los mejores restaurantes del mundo, el Celler de Can Roca". Esa "oferta de valor" es la que quizá Toro no ha conseguido asociar al cartel azul de Aqva. Con solo dos sedes situadas a solo unos metros, el visitante cumple el itinerario en poco más de una hora, ¿y luego qué? Es cierto que la ciudad ha puesto a disposición del visitante su patrimonio forjando una ruta entre el Alcázar y algunos de sus templos más valiosos. Pero el turista necesita un guía, algo o alguien que lo lleve de la mano de hito en hito narrándole la historia que hay detrás para, finalmente, seducirlo. Que sienta que hay un antes y un después de Toro. Y eso Aqva no lo ha conseguido.

En estos meses he escuchado todo tipo de críticas (también algunas alabanzas) sobre la disposición de la muestra en la Colegiata y la selección de piezas. No creo que ese criterio haya pesado en los resultados, como tampoco cambian mi impresión los datos que hemos ido conociendo. Aqva es una exhibición notable, con algunos espacios brillantemente resueltos, como la disposición artística en la sacristía de Santa María la Mayor o la vitrina circular en torno una pila bautismal en el Santo Sepulcro. La apuesta por el arte contemporáneo suma más que resta. En todo caso, sí que echo en falta la habitual presencia de imaginería de la Pasión que pudimos disfrutar en Ávila -con magníficas obras de Martínez Montañés y Gregorio Fernández- y que en Toro contradecía el mensaje temático, el agua.

En la retina, no obstante, permanecerá el extraordinario Calvario de Pinilla de Toro que despide el paso por la Colegiata. Aqva no me ha decepcionado, pero me habría gustado poder "beber" un poco más.

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