MARIÁN MARTÍNEZ
Las grandes fortunas españolas se están preparando para una posible reforma fiscal que grave más a los que más tienen, aseguran los expertos. Y de ahí que se estén produciendo, con más asiduidad de lo habitual, movimientos en la trastienda para evitar que una subida de impuestos les pueda afectar. ¿Cómo? Por la puerta de atrás. Los beneficios obtenidos a través de las sociedades de inversión de grandes patrimonios, conocidas como SICAV, se invierten y lo que se hace es recuperar el capital, que apenas tributa a Hacienda. Pura ingeniería financiera.
Subir o no los impuestos a las SICAV se ha convertido en motivo de debate en España a raíz de la reforma fiscal anunciada por el Gobierno y que ahora negocia con el resto del arco parlamentario en el Congreso de los Diputados. SICAV significa sociedad de inversión inmobiliaria de capital variable, para cuya constitución se necesita un mínimo de 2,4 millones de euros y debe contar al menos con 100 socios o partícipes, lo que la convierte en una sociedad de inversión colectiva. Tributa el 1% en el Impuesto de Sociedades, frente al 30% que cotizan las sociedades mercantiles. Pero si alguno de sus socios recoge beneficios o vende activos, pagará por las plusvalías un 18% a Hacienda, igual que cualquier pequeño o mediano ahorrador que disponga del dinero que tenga depositado en fondos de inversión. Y es aquí donde empiezan los movimientos. Lo que tributa a Hacienda son los beneficios, pero no el capital, así que se retira el capital pero no las plusvalías, de tal manera que el pago a Hacienda es nulo o casi nulo.
Los partidos de izquierda y los sindicatos exigen al Gobierno que suba la tributación a las SICAV, y entre las grandes fortunas se teme que finalmente haya alguna modificación en este sentido. El propio Ejecutivo y los analistas financieros han advertido del riesgo que conllevaría una medida de esta naturaleza.