AGENCIAS.
Berlín/ Bruselas, El fabricante de componentes austríaco-canadiense Magna recuperó su posición de favorito en la pugna por Opel, tras alcanzar un acuerdo con General Motors (GM) en una agitada jornada en la Cancillería alemana, que se vio presionada desde diversos flancos. Magna, que por la mañana había amenazado con seguir los pasos de Fiat, el otro inversor potencial, y abandonar las reuniones, convenció primero a la matriz estadounidense y después, ya con su visto bueno, envió a Cancillería su plan. La nueva propuesta llegó a manos de los expertos y secretarios de Estado gubernamentales pasadas las 16.30, con casi dos horas y media de retraso respecto al horario previsto para la nueva reunión, y mientras el ministro de Economía, Karl-Theodor zu Guttenberg, advertía que ello no garantizaba que la sesión acabara en acuerdo.
Dos días después, las presiones sobre Berlín han llegado desde varios flancos: los interlocutores de GM se enojaron, algunos socios de la UE con plantas de Opel recelan del unilateralismo germano a la hora de buscar un futuro a la filial europea y los inversores potenciales empezaron a cansarse y abandonar el barco, al menos, estratégicamente. Magna, con una plantilla de 70.000 empleados en 25 países, cuenta con la ayuda para su operación en Opel del consorcio ruso GAZ, que produce desde turismos y camiones hasta vehículos blindados.
Por su parte, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, dijo ayer que la planta de Figueruelas es «la joya de la corona» de Opel gracias a los ajustes y al esfuerzo inversor realizado en los últimos años, y se mostró convencido de que esta fábrica no se verá afectada por la reducción de capacidad que se llevará a cabo tras la venta de la filial europea de General Motors. A su juicio, ahora serán otros países los que tengan que realizar estos esfuerzos de ajuste.
Sebastián no quiso valorar en detalle el acuerdo preliminar alcanzado entre General Motors y el fabricante canadiense de recambios Magna sobre Opel. Se limitó a señalar que «sería una buena noticia, sin duda, que ya hubiera un inversor dispuesto a hacerse cargo de la parte europea de General Motors».
El ministro de Industria hizo estas declaraciones al término de la reunión extraordinaria de los ministros de Economía y de Industria de la UE para abordar el futuro de Opel. En total participaron 18 Estados miembros, 11 de ellos a nivel ministerial (España, Austria, Alemania, Bélgica, República Checa, Hungría, Italia, Polonia, Portugal, Suecia y Reino Unido). Todos los participantes acordaron que cualquier apoyo financiero que sea concedido a Opel por parte de uno o varios Estados miembros «deberá basarse estrictamente en criterios económicos y objetivos, y no debe incluir condiciones no comerciales sobre la localización de las inversiones o la distribución geográfica de las medidas de reestructuración». Con ello se trata de garantizar que Alemania, que lleva las riendas de las negociaciones, no garantice un trato preferente para sus fábricas en detrimento de otros países.
Sebastián propuso que este crédito de liquidez temporal mientras se produce la segregación de Opel respecto a General Motors sea un crédito europeo, por ejemplo del Banco Europeo de Inversiones (BEI). En todo caso, insistió en que esta ayuda no debe tener «ninguna trascendencia a la hora de tomar decisiones sobre las plantas o sobre el empleo».