Las 17 plazas de Río

23.08.2016 | 01:18
Ruth Beitia celebra uno de sus saltos en Río.

Todos sabemos que el domingo terminaron los Juegos. Y a nosotros no nos ha ido mal. Nos ha ido mejor que en otras ocasiones. Digo nosotros porque el público en los Juegos, a diferencia de otras competiciones y gracias a la cobertura de los medios de comunicación, se identifica tanto con sus deportistas que tal parece que a veces seamos nosotros o nuestros hijos los que participaran en el evento. No hay duda de que las pruebas olímpicas en los diferentes deportes desprenden un aroma a esos temidos exámenes, o más bien a esas difíciles oposiciones cuya convocatoria sale cada cuatro años. Bien podíamos pensar que ganar una medalla viene a ser como sacar una plaza con un puestazo para toda la vida, pero no se dejen llevar por las apariencias porque hacerlo no les asegura un sueldo digno. Al menos a la mayoría. Eso sí, te dan una paga, pero es pan para hoy y hambre para mañana, como denuncian nuestros deportistas.

En esto de los Juegos algunos espectadores actúan como los padres que no se preocupan por sus hijos y si traen malas notas les regañan y ponen como ejemplo a los hijos de Fulanito. Los estadounidenses viene a ser esos alumnos modelo que obtienen las mejores calificaciones y sacan el número uno de la oposición. A veces con la impresión de que a ellos no les cuesta nada porque son más listos y hasta tienen tiempo para todo. Hasta para divertirse, como se ve. Lo cierto es que hasta no hace mucho a la mayoría de los papás españoles no les importaba un pimiento que sus hijos copiasen, que en términos olímpicos se llama doping. Si es que lo hacen todos, decían unos, mientras otros miraban para otro lado y si pillaban al examinando le regañaban en público. Lo importante, venían a decir, es que no te pillen con una chuleta. Que se lo digan, por poner un ejemplo, a Contador y sus problemas con las chuletas, digo con los filetes.

En la oposición olímpica hay tres asignaturas básicas, como esas troncales en forma de deportes individuales, que si no se aprueban no se pasa de curso o pasas con ella pendiente. Son el atletismo, que es la plaza más importante del Olimpismo, la natación y la gimnasia artística (antes deportiva). Y nosotros hemos sacado la plaza en dos de ellas y casi en la tercera con la gimnasia rítmica, que no es la artística pero que también es gimnasia. Vamos a decir que la oposición en el atletismo se la ganó una chica muy estudiosa de nombre Ruth y que llevaba años preparándose y se quedaba en el último momento sin la ansiada plaza. Era de justicia. Y la otra la sacó un chaval de esos que no venía de una casa con una economía muy desahogada, lo que siempre es bueno. En la natación aprobó otra chica, igual que las de rítmica, que como sabemos suelen ser más estudiosas y disciplinadas que ellos. Al menos es lo que dicen los entrenadores, digo los preparadores. Eso sí, en esto de las convocatorias algunas plazas que nos gustan o se nos dan mejor que otras (piragüismo, baloncesto, taekwondo, tenis, ciclismo de montaña) y por eso se hace raro no haber podido lograrlo en balonmano, waterpolo, triatlón o la vela.

En esta ocasión no hemos podido echarle la culpa a los profes. Bueno, un poquito en la primera parte del baloncesto contra los americanos, creíamos que nuestros chavales del baloncesto no les costaba nada sacarla y ya ven que lo han hecho en el último momento. Y las de la sincronizada nos contaron que los examinadores tenían a sus enchufados. ¿Será verdad? Conviene no olvidarse de que muchos de los que no han sacado la plaza se presentarán de nuevo a la oposición en Tokio, de aquí a cuatro años, y que necesitan el apoyo de todos para que estén en disposición de conseguir su objetivo. En Río nos hemos ido con 17 plazas. Una buena nota. La calificación la ponen ustedes.

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