Árbitros en el recreo o ética kantiana

26.02.2016 | 00:09

Y entonces el replicante Roy Batty, después de explicar al "blade runner" Rick Deckard que vivir con miedo significa ser esclavo, mastica uno de los monólogos más bellos y potentes de la historia del cine: "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. He visto a un árbitro suspender un partido de fútbol porque el entrenador de uno de los equipos se negaba a irse del banquillo. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir". De acuerdo, en su monólogo Roy no dice nada de los árbitros y no habla de "atacar naves en llamas", sino de "naves de combate ardiendo", pero es igual. Para la cultura popular, el replicante Roy dice "atacar naves en llamas", y entre las cosas que ha visto y que nosotros los futboleros no creeríamos, está ese árbitro que se larga al vestuario diez minutos hasta que el entrenador le haga caso.

En realidad, nadie ha visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser, pero desde ahora los futboleros podemos decir que hemos visto al árbitro Felix Zwayer suspender el partido Leverkusen-Dortmund en el minuto veintiuno de la segunda parte porque el entrenador local Roger Schmidt se negaba a abandonar el banquillo tras ser expulsado. Y luego dicen que la Bundesliga es aburrida. ¿Hizo bien el señor Zwayer suspendiendo el partido? Bueno. ¿Hace bien el dueño de la pelota en largarse con el balón en un partido en el patio de un colegio cuando Pepito le lleva la contraria y se niega a reconocer que ese disparo que pasó justo por encima del bulto de ropa que hace la función de poste fue gol? No sé. Los árbitros y los dueños de los balones mandan mucho, sobre todo porque saben que un partido oficial no se puede jugar sin un tipo con un silbato y un partido en el patio del cole no se puede jugar sin balón. La solución sería que los árbitros no fueran necesarios y que los balones de fútbol fueran un bien cultural subvencionado por el Estado. Como lo segundo ya es una realidad y una de las grandes conquistas de la enseñanza pública, ahora es difícil ver a un niño en un colegio abandonando el patio enfurruñado y con el balón bajo el brazo. Como lo primero es imposible porque, como decía Aristóteles, el ser humano es el mejor de los animales, pero apartado de la ley y la justicia es el peor, el más impío, el más salvaje, el más lascivo y el más glotón, habrá que encontrar otra solución. Un partido oficial sin árbitros exigiría que los futbolistas salieran al terreno de juego después de recibir una sólida formación en la ética kantiana. Y eso es muy difícil, sobre todo porque nuestros amigos los gobernantes están empeñados en desterrar la filosofía de la enseñanza, y así es imposible jugar al fútbol sin árbitro.

Samantha, una de las protagonistas de la serie televisiva "Sexo en Nueva York", decía que nunca había sido amiga de un hombre ni tenía interés en serlo porque las mujeres sirven para ser amigas, pero los hombres solo sirven para follar. Como Samantha, pertenezco a la clase de futboleros que nunca ha sido amigo de los árbitros porque creo que los futbolistas sirven para ser amigos, pero los árbitros solo sirven para echarles la culpa de todo y tener a alguien a quien poder gritar. Así todo, también creo que los árbitros son imprescindibles mientras los futbolistas no sean kantianos, pero eso no les da permiso para largarse con el pito debajo del brazo cada vez que un entrenador se les sube a las barbas o un jugador les saca la lengua. El señor Zwayer debería haber utilizado los símbolos de su poder (el dedo índice indicando el vestuario) o haber dado instrucciones a través de su pinganillo a quien corresponda para que el entrenador expulsado abandonara el banquillo sin dar el espectáculo. No lo hizo. Puede entonces que los árbitros de las grandes Ligas necesiten hacer prácticas en los recreos de los colegios para que entiendan que en un partido de fútbol los problemas no se arreglan suspendiendo el partido. Pitar un partido en la Bundesliga es fácil. Pitar un partido en el recreo de un colegio es difícil. Todos los árbitros al cole. O eso, o Kant.

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