El italiano Alessandro Petacchi (Lampre), el maillot verde del pasado Tour de Francia, retomó la senda de la victoria y se apuntó por velocidad la séptima etapa de la Vuelta, disputada entre Murcia y Orihuela, de 187 kilómetros, en la que el belga Philippe Gilbert se mantuvo con el maillot rojo.

"Alejet", pura pasión por la victoria, alcanzó su victoria número 20 en la Vuelta, a su manera, por velocidad, poniendo broche de oro al trabajo de su equipo en la poética Orihuela, ciudad inédita adonde llegaron los esprinters en busca de una oportunidad, la víspera de la montaña alicantina, donde les tocará sufrir.

Petacchi levantó los brazos de nuevo, esta vez delante del británico Mark Cavendis (Columbia), que sigue negado y del argentino Juan José Haedo (Saxo Bank). Desde el Tour, donde rebañó dos etapas, amén del maillot verde, estuvo "más tiempo con los abogados que con la familia" por las sospechas de dopaje que le persiguen. Por eso ganar en Orihuela le hizo sentirse especialmente feliz.

Otra perla para el palmarés del sucesor de Mario Cipollini en materia de esprint en Italia, que acumula 21 etapas en el Giro y 6 en el Tour. En la carrera rosa tuvo que "devolver" seis etapas, ya que cargó en 2008 con una sanción de un año por dopaje en el Giro 2007.

La general siguió hibernando un día más sin mover pieza. Gilbert sigue agarrado al maillot rojo, y con pundonor, ya que lucha por las etapas, seguido de Igor Antón (Euskaltel) y "Purito" Rodríguez (Katusha), agazapados hasta que llegue su terreno este sábado.

La Vuelta tenía una visita pendiente con Orihuela, ciudad inédita en la ronda española, donde se respira poesía por los cuatro costados en el año que conmemora el centenario de su ciudadano más ilustre: Miguel Hernández, el poeta del pueblo, fallecido en la cárcel de Alicante 6 años antes de que otro inolvidable oriolano, el ciclista Bernardo Ruiz, ganara la Vuelta a España. En tiempos más poéticos que los actuales.

Un corredor que amplió sus versos en la historia del ciclismo al convertirse en el primer español que pisó un podio del Tour, tercero en 1952, y el encargado de inaugurar las victorias de etapa en el Giro (1955).

No faltaron románticos de esos que buscan temprano misiones imposibles. Se ofrecieron a cambiar el pronostico desde el kilómetro 4 el español Jorge Montenegro (Andalucía), el danés Martin Pedersen (Footon), el alemán Roels (Milram) y el ruso Isaichev (Xacobeo Galicia), quienes llegaron a disponer de 10.30 minutos de ventaja.

El cuarteto coronó la única dificultad de la jornada, el Hondón de los Frailes (8,8 kms. al 4,8 por ciento), de tercera categoría con 3.50 minutos, pero la sentencia estaba escrita. Y se cumplió a 5 kilómetros de meta. Un esfuerzo inútil, interminable, sin premio, como ocurre la mayoría de las veces entre anónimos.