JULIÁN GARCÍA CANDAU
Dos penaltis malogrados y un gol de Villa, casi in extremis, marcaron un partido en el que los españoles sufrieron hasta extremos insospechados. En dos minutos Casillas y Justo Villar detuvieron dos penaltis que pudieron haber definido el choque; pero el portero del Valladolid no pudo detener la diana final de Villa, que cambió el destino del fútbol español con su gol.
España tuvo que luchar contra la velocidad y la presión constante de su adversario. Del Bosque mantuvo el equipo que cree ideal con Torres, quien no mejora sustancialmente, y, por ello, con un hombre menos en la zona de creación. Cuando apareció Cesc, Iniesta, que no había tenido actuación feliz, pareció otro, y Xavi también jugó más desahogado.
Del Bosque se atrevió finalmente a prescindir de un centrocampista y potenció el ataque con Pedro. Fue autor del disparo que dio en el poste y que aprovechó Villa para marcar su quinta diana en el Mundial.
«Hoy, cita con la historia». «Hoy haremos historia». En la mayoría de medios informativos se recurrió a contar con que ganar a Paraguay era un hecho histórico porque, por vez primera, España se iba a clasificar para las semifinales del Mundial. Lo histórico, a mi entender, sería ganar la Copa. En año de entusiasmos indescriptibles, de momento, ya se ha igualado el cuarto puesto conquistado en Brasil en 1950. Desde un punto de vista de los anales, aquello también fue histórico dado que durante sesenta años hemos vivido de ello.
La crónica de anoche obligaba a cantar la nueva gesta. Los versos pindáricos podrán ilustrar la hazaña si ésta se da en la final. Entonces sí podremos hablar de hecho histórico.