ANTONIO RICO
Caramba con Alemania. No sé lo que dirá Maradona (supongo que para el seleccionador argentino la culpa de la derrota de Argentina la tendrán los árbitros, o el balón, o los periodistas, o una extraña combinación astral, o la energía negativa que emana Pelé, o todo lo anterior a la vez), pero creo que la selección alemana, justo al revés de lo que decía Víctor Hugo, tiene gustos democráticos pero actos aristocráticos. Resulta que Alemania ahora quiere gustar (y gusta) a todo el mundo, pero lo consigue con aristocráticas jugadas finalizadas por unos delanteros exquisitamente finolis. Los alemanes presionan de manera democrática, pero definen de forma aristocrática y demoledora. A Argentina solo le queda agarrarse a las ocurrencias de Maradona o, me temo, a la ausencia de hecho de Messi. Y eso sí que no deberíamos consentirlo todos los que amamos el fútbol.
Friné, la mujer de extraordinaria belleza que, allá por el siglo IV a. C., sirvió de modelo al escultor Praxíteles y al pintor Apeles en sus respectivas imágenes de Afrodita, ganó tanto dinero con sus amantes que dicen que se permitió sufragar la reconstrucción de las murallas de Tebas. Messi, que sirve de modelo a todos los que se dedican a esculpir o pintar el fútbol, es tan rico que todo el mundo le pide que sufrague la reconstrucción de la selección argentina, pero es que las murallas del fútbol argentino necesitan más dinero, talento y esfuerzo que el que necesitaban las murallas de la antigua Tebas griega. Friné era muy hermosa. Messi, en lo suyo, también. Friné tuvo muchos amantes. Muchos menos que Messi. Friné hizo lo que hizo en Tebas por puro amor. Messi hace lo que hace en Argentina por puro amor. Porque, si no, no se entiende que tengamos que ver a Messi bajando a las catacumbas del terreno de juego para conseguir tocar el balón. Messi es muy bueno, pero ni el mejor jugador del mundo puede salir de las catacumbas con el balón controlado, recorrer un montón de metros driblando alemanes que le esperan en riguroso orden democrático, llegar al área, rematar su propio centro y, por supuesto, marcar gol. Una estatua de Afrodita podía tener el cuerpo de Friné, y una pintura del mejor jugador del mundo debe parecerse mucho a Messi. Vale. Pero en un equipo de fútbol es necesario que todos pongan todo de su parte (y que tengan mucho que poner) para que el mejor pueda ser el mejor. Es decir, es necesario un gusto democrático que permita los actos aristocráticos de un Messi.
Si, finalmente, Messi paga los platos rotos de Maradona (y lo hará si no cuela lo de los árbitros, los periodistas o la energía negativa de Pelé), creo que el jugador argentino podría estar tentado de hacer como Escipión «el Africano», el vencedor de Aníbal en Zama, que tuvo que retirarse a la Campania asqueado de sus propios compatriotas y pidió ser enterrado en su villa, y no en Roma: «Patria ingrata, no posees ni siquiera mis huesos», dicen que dijo. Es posible que a Messi no le quede otro remedio que refugiar sus huesos en el Barça mientras rumia la ingratitud de los que le piden que sea la imagen de Afrodita mientras reconstruye con su esfuerzo las murallas de una selección que quiere ganar títulos porque sí, porque fue quien fue. La culpa de la derrota de Argentina ante Alemania no es de los árbitros, de los periodistas o de Pelé, pero tampoco es culpa de Friné.
En cuanto a España, resulta que cumplió en un partido que no prometía. Gol de Villa, que, como siempre, está donde tiene que estar, no puede ser casualidad, sino causalidad. Y mañana hablaremos, si les parece, de Del Bosque y de Lenin. Hoy toca disfrutar de un éxito que habrá alegrado hasta a todos los cenizos que vieron en la derrota ante Suiza el anuncio del Apocalipsis. Chin-chin.