ÁNGEL GARCÍA
Lo cierto es que el de ayer fue un duelo al que se le pueden sacar muchas lecturas, dada la gran irregularidad mostrada por ambos equipos. Los zamoranos por falta aún de acoplamiento, y los madrileños por esa anarquía que los caracteriza un año sí y otro también.
Empezando por la meta. José Carnicer, entrenador del equipo visitante, marcaba esa zona como la clave del duelo. «Ha mejorado mucho Zamora en esa faceta», decía en sala de prensa. Y es que Arrivi primero y Gus después hicieron un gran trabajo. Con estilos diferentes. El primero con mucha valentía y arrojo, y el segundo con unos reflejos que salvaron al equipo en las dos últimas jugadas.
En la parcela defensiva también hubo mejora, aunque todavía no es el bloque sólido que se espera. Es cierto que en juego, la defensa cumplió con creces. Incluso en la segunda parte, en la que los zamoranos regalaron el balón al contrario, la retaguardia estuvo a una gran altura. Era una apuesta del técnico, defender y salir a la contra. Salió bien, aunque sufriendo. Decir que si el equipo hubiera jugado más alegre se podría haber ganado de más sería una temeridad. El «pero» de la defensa fue el juego en estático. Tanto con la expulsión de Sergio primero, como con portero jugador después, los zamoranos sufrieron mucho. La defensa pasiva necesita de mucho más trabajo y los nuevos fichajes están aún aterrizando.
Arriba estaba la duda. Si Marcelo no marca los goles ¿quién lo hará? pensábamos algunos. Pues la respuesta fue fácil. Marcelo anotó solo uno, pero Pipe, Raúl Campos y Cáceres se unieron a la fiesta, demostrando que no siempre hace falta un pívot nato para marcar.
Aún así, todavía es pronto para lanzar las campanas al vuelo. Son tres puntos que sacan al equipo del descenso, algo importante psicológicamente. Pero la clave es que los jugadores se han demostrado a si mismos, y a la afición que ayer volvió a estar con el equipo, que son capaces de ganar.