Zamora C.F. 2-1 R. Ferrol
P. ANTÚNEZ
Cuando estaba muerto, resucitó y lo hizo muy a tiempo. El Zamora las pasó moradas para derrotar al Racing de Ferrol (2-1) y lo consiguió tras un partido en el que los rojiblancos no jugaron bien, más bien jugaron mal, pero les bastó con poner todo el corazón del mundo y más ganas que nunca para salir airosos de un choque que les permite ver algo la luz y que hasta el minuto 67 les llevaba camino del desastre.
Era un partido de urgencias y alguno, el Zamora, estuvo mucho tiempo en la UCI, casi con encefalograma plano y más cerca del otro lado de la carretera, del cementerio, que del estadio «Ruta de la Plata». Pero el Zamora ayer no estaba muerto, estaba ausente y despertó cuando sintió la bofetada en forma de gol de un Racing de Ferrol que también estaba en otra de las salas de la UCI.
Cuando dos equipos que estaban llamados a luchar por la fase de ascenso llegan a la novena jornada con diez puntos en sus respectivos casilleros y más cerca del abismo que de otra cosa es por algo, no por casualidad.
La victoria de ayer no tiene que cegar a nadie. Tiene que servir para tener algo más de tranquilidad en el club y para seguir viendo que a este equipo todavía le falta mucho trabajo por delante para ir hacia arriba.
Rícar es consciente de lo que tiene y también de lo que le falta, y aunque a lo mejor lo dice con la boca pequeña por aquello de que las verdades ofenden, está bastante convencido de que con las mimbres que tiene será suficiente para salir a flote. Ayer, en el «Ruta de la Plata» hubo un pequeño milagro que no fue otro que la resurrección de equipo rojiblanco cuando iba camino del cementerio.
Primera mitad para olvidar, de patio de colegio en muchos casos y soporífera para los espectadores casi siempre.
Zamora y Racing de Ferrol llegaron muy necesitados al choque del «Ruta de la Plata» y ello se hizo notar más de la cuenta sobre el rectángulo de juego donde los rojiblancos quisieron pero no pudieron.
Los de Rícar estaban como ausentes de un choque en el que si no les iba la vida, casi. Había que ganar sí o sí y ello, a medida que fue transcurriendo el encuentro, parecía una auténtica losa sobre la cabeza de los locales. El Zamora tenía plomo en sus botas y un pañuelo en los ojos, y ello no era lo mejor a la hora de intentar ganar un partido.
La primera ocasión del encuentro llegó a los tres minutos y corrió a cargo del Racing de Ferrol con un disparo lejano de Carlos que Félix atrapó sin mayores problemas.
Un minuto después Duque fue cazado en el centro del campo y Rícar mandó calentar inmediatamente a Agustín por si su concurso era necesario pero el ayer centrocampista zamorano se recuperó sin mayores problemas y pudo seguir.
Las prisas o los nervios estaban siendo unas malas consejeras para un Zamora que no acertaba a hacerse con el dominio del partido y que veía como el Racing de Ferrol intentaba sorprender al contragolpe, aunque en este sentido los delanteros gallegos caían una y otra vez en fuera de juego; hasta en ocho ocasiones el auxiliar marcó la posición antirreglamentaria de los ferrolanos que no eran capaces de superar a una defensa que estaba muy adelantada.
Al cuarto de hora un centro de Iker Alegre pudo haber supuesto el 1-0 pero el remate de cabeza de David Ferreiro se perdió por la línea de fondo en lo que hasta ese momento había sido la única ocasión de peligro en las dos áreas.
Si hasta ese momento la confrontación había dejado mucho que desear, a partir de ahí fue de mal a peor. Al menos el Zamora mantenía su portería a cero que no es poco visto lo ocurrido en las últimas jornadas en las que el equipo ha recibido goles de lo más tonto y que le costaron una derrota tras otra.
Las manecillas del reloj fueron avanzando con más pena que gloria hacia el minuto 45 sin que ninguno de los dos equipos mostrase algo positivo sobre el césped y fue necesario esperar al minuto que el árbitro dio de añadido a este primer periodo para ver como la defensa del Racing de Ferrol cantaba por soleares, el balón le llegaba mansamente a Yago y éste, libre de marcaje, cabeceaba con toda la portería para él y el esférico se perdía por la línea de fondo para desesperación de un Zamora que seguía sin encontrar el camino del gol.
Y como era imposible que el partido fuera peor en la segunda mitad que en la primera, pues está claro que mejoró, al menos en intensidad porque lo de buen juego habrá que esperar a mejores ocasiones.
De todas las maneras, bastante hay con ganar los encuentros como para empezar a pedir a la vez juego bueno y brillante a este Zamora que no convence, a este Zamora que le toca sufrir y sufrir para sumar tres puntos y no caer en la miseria, pero para este Zamora a cuyos jugadores no se les puede decir que no trabajan y que no se dejan la piel en el campo. Lo que pasa es que hay lo que hay, y hoy por hoy la verdad es que no es mucho, pero todo se andará y con el trabajo se puede crecer.
Rícar durante el descanso tuvo que hacer el primer cambio, sacó a Agustín al campo y dejó a Goffin en el vestuario. Duque volvió a su posición más habitual, la de lateral derecho y Edu Roldán encontró más apoyo en el de Peleagonzalo para batallar en el centro del campo.
Parecía que el Zamora comenzaba a tener un poco más de presencia en el campo pero a las primeras de cambio recibió un golpe que pudo ser mortal de necesidad cuando a los 57 minutos y en la enésima jugada a balón parado, a la salida de un córner, Jonathan remachaba al fondo de las mallas.
Con el 0-1 salieron los primeros pitidos y abucheos desde la grada hacia un equipo que agonizaba pero hacia un equipo que sólo a base de casta fue capaz de hacer lo que parecía imposible, dar la vuelta al marcador.
Capi, que salió un minuto después del 0-1, sirvió de revulsivo. Falta le hacía al media punta rojiblanco tener una buena actuación con el Zamora para ganar una confianza que se la debió dejar por el camino cuando fichaba por el cuadro rojiblanco.
De dos pasos de Capi salieron los dos goles que iban a permitir al Zamora quedarse con los tres puntos. En el primero hacia el área pequeña lo remató Yago entrando desde atrás y en el segundo el encargado de llevar el balón al fondo de las mallas fue Iker Alegre con un disparo raso cuando corría el minuto 79. Los pitos se tornaron en palmas y voces de aliento hacia el resucitado.
Pero el partido todavía tenía que deparar un gran susto para la parroquia local cuando David Franch, solo ante Félix Campo, disparó y el guardameta zamorano acabó rechazando el esférico para evitar la igualada y permitir que el Zamora sumase una victoria que necesitaba como agua en mayo y que no tiene que servir para lanzar las campanas al vuelo y sí, insisto, para mantener mucha calma y tranquilidad porque el equipo lo necesita más que nunca.