A. F.
Oviedo, Fernando Alonso logró ayer una tercera plaza, su primer podio de la temporada, el 53.º de su carrera deportiva, con sabor a despedida. Despedida de Renault en Singapur, donde se urdió la trama que acabó volviéndose contra Briatore y su ingeniero jefe, Pat Symonds. Y fue con una carrera perfecta del ovetense, que salió enrabietado en un circuito que ha convertido en talismán. Victoria y tercer puesto en sus dos apariciones por Marina Bay.
El asturiano atacó desde el primer momento. Al apagarse el semáforo devoró a Webber y se lanzó a por Vettel, pero el alemán le cerró la puerta y el R29 se salió de la trazada. En un circuito sucísimo, el monoplaza hizo un extraño que aprovecharon Webber y Glock para superarle, pero el australiano lo había hecho acortando una curva y después se dejaba pasar para evitar una sanción.
Así, Alonso seguía en el quinto puesto original y en él se mantuvo hasta que Rosberg, que rodaba segundo tras Hamilton, realizó su primer repostaje. El de Williams se salió del carril de acceso y fue castigado con un «drive through» –paso sin parar por la calle de boxes– que le dejaba sin opciones de podio. Alonso ya era cuarto, y otras veinte vueltas después llegó el momento clave. Vettel superaba el límite de velocidad al entrar a realizar su segundo repostaje y otro «drive through» dejaba a Alonso –que unas vueltas después llegó a liderar la carrera– con el podio en el bolsillo.
Fernando Alonso regresó, así, al cajón. Un sorbo de gloria para Renault en su «annus horribilis».