EFE
Buenos Aires,
Con Diego Maradona y Lionel Messi, emblemas de calidad, uno en el banquillo y otro en el campo, la selección argentina tocó fondo y ya no depende de sí misma para ir directamente al Mundial 2010, un patético cuadro que atormenta al fútbol de su país.
La falta de identidad y de recursos colectivos del equipo que ha perdido cuatro de los últimos cinco partidos disputados en las eliminatorias sudamericanas, ninguno de ellos en el minuto final o por un penalti mal pitado, asombra. «Me pareció que podríamos arañar el empate en el segundo tiempo, pero no pudimos», dijo Maradona tras el partido con Paraguay (1-0), una frase que certifica la gravedad de la situación.
Los jugadores no se explican (al menos públicamente) qué pasa. «Comenzamos bien los partidos, pero ante las primeras dificultades nos diluimos», comentó Juan Sebastián Verón, y este razonamiento confirma aquella sentencia de Alfredo Di Stéfano, quien alguna vez afirmó como comentarista de la televisión: «el más grave problema que tiene el fútbol es el rival», en especial cuando juega mejor.
El tópico que se impone hoy en Argentina es que la selección no tiene planteamiento táctico. De allí surge la impresión de que Messi está incómodo, que sólo podrá mejorar si los que le rodean juegan a algo, y de que los adversarios hacen con el balón dominado aquello que deberían hacer los argentinos.
En los asuntos estrictamente futbolísticos nunca antes Maradona había sido cuestionado como ahora, pero el aficionado puso en duda mucho antes de su asunción como seleccionador que su prestigio como futbolista pudiera tener continuidad en el banquillo.
Cuando Alfio Basile dimitió, y ante la posibilidad de que "Pelusa" le sucediera en el cargo, más del 70 por ciento de los hinchas expresó que no era «acertada», Jorge Valdano dijo, entonces, que era «arriesgado» darle la selección a Maradona por su falta de experiencia. Algo que el tiempo parece darles la razón.