ÁLVARO FAES
Turquía
«Chicos, estad tranquilos. Vamos a intentar por todos los medios que haya un acuerdo pero debemos estar preparados para organizar otro campeonato porque la FIA no está dispueta a negociar». Los jefes de equipo acudieron a la llamada de los pilotos para aclararles la tensa situación que se vive en la Fórmula 1, con la competición pendiente de un hilo. Los actores de este circo, las personas que accionan la maquinaria del espectáculo, necesitaban un mensaje más allá de lo que leen en la prensa o de lo que se comenta en el paddock. La asociación de pilotos (GPDA) que preside Pedrdo de la Rosa citó a la agrupación de escuderías (FOTA) y escuchó. Les prometieron que trabajarán con todas sus fuerzas para llegar a un acuerdo con Max Mosley. El presidente de la FIA se mantiene firme y anunciará el próximo viernes qué equipos admite para la edición de 2010 del Mundial de Fórmula 1. Ocho escuderías –todas las que participan en la actualidad salvo Williams y Force India– se han inscrito con condiciones. No aceptan el recorte presupuestario radical que impone Mosley ni un reglamento de dos velocidades, según la inversión de cada cual.
En Turquía nadie ha estado parado y, aunque a la espera de que todo pueda seguir como hasta ahora, los primeros movimientos para poner en marcha un campeonato al margen de la FIA no se han hecho esperar. Por si acaso, Mosley incluyó en la preinscripción un ramillete de escuderías que le permitirían poner en marcha el Mundial si las grandes se plantan. Entre ellas, dos españolas: Epsilon, de Joan Villadelprat, y Campos Meta 1, con Adrián Campos a la cabeza.
Los pilotos están al lado de los equipos. «Queremos que todo se arregle pero no estaremos en una competición de segundo nivel», dijo ayer Mark Webber, uno de los directivos de la GPDA. La postura de Max Mosley enquista las soluciones. No se mueve de su campeonato limitado a 45 millones anuales de golpe y porrazo. Las escuderías asumen llegar a ese tope poco a poco, en tres temporadas. Sus estructuras, que rondan el millar de empleados no se pueden comprimir de la noche a la mañana. «Hay otro drama que nadie ve. La cantidad de mecánicos y trabajadores que se irían a la calle». Lo dice un veterano del paddock, partidario de llegar a un acuerdo porque desconfía de que partir la Fórmula 1 sea la mejor idea.
Pero mientras se llega a una solución, el otro campeonato, el plan B que lo llamó Flavio Briatore, camina poco a poco.
Los ocho equipos de la FOTA pondrían en la pista tres coches para llegar así a un número aceptable de monoplazas, veinticuatro, ante los veintiséis de las carreras de Mosley. Los circuitos serían algunos de los que se han quedado fuera de la Fórmula 1 por las altas exigencias económicas y para ganara adeptos, la FOTA pretende que los derechos de televisiones y radios sean de menor cuantía.
La semana se promete complicada y, aunque será difícil que el viernes haya una solución definitiva al problema, sí que empezará vislumbrarse el camino que seguirá el coflicto.