ANGEL GARCÍA
Fin de fiesta redondo. Los pronósticos se cumplieron, y la Plaza de La Marina recibió dos visitas multitudinarias en apenas cuatro días. El martes, la Guardia Real abandonaba el Palacio del Pardo para acudir a la capital del Duero e izar de manera oficial la bandera de España. Cerca de medio millar de zamoranos no se quisieron perder ese momento. Eso el martes, pero ayer se cerró el círculo de celebraciones de esta semana con una fiesta más numerosas aún, la que congregó a todos los seguidores del deporte zamorano en general y a los hinchas del Arcebansa Zamora en particular.
Más de 2.000 personas se acercaron a la fuente para celebrar el ascenso a División de Honor del Fútbol Sala Zamora. La Marina, acostumbrada a recibir visitas masivas para celebrar éxitos de equipos nacionales, por fin pudo vestirse de gala para recibir a casi tres millares de aficionados que se congratulaban por un ascenso de un equipo de la ciudad a una máxima categoría. Zamora empezará a estar en el mapa deportivo español de una vez por todas, y por eso, los hinchas lo celebraron, primero en la fuente, y después por las calles de Zamora hasta bien entrada la madrugada.
Tras acabar el partido que medía al Arcebansa Zamora y al Butagaz Andorra, y tras las pertinentes celebraciones en la propia pista del Angel Nieto con botellas de cava, los hinchas acudieron a La Marina y esperaron allí a los jugadores, que llegaron en el autobús del equipo, ataviados ya con las camisetas conmemorativas del ascenso a la máxima categoría. Bengalas, bombos, tracas de petardos y bocinas recibieron a los campeones, que se dieron el habitual baño de rigor.
La fiesta fue larga, no solo por la hora a la que terminó, sino por la hora a la que los aficionados zamoranos empezaron a movilizarse. Desde las cuatro de la tarde, las peñas se hicieron notar por la ciudad y por los aledaños del Angel Nieto. Bocinas y petardos en mano, los hinchas recordaban a la ciudad lo mucho que se iba a jugar un equipo zamorano esa tarde.
Casi dos horas antes del duelo, las puertas se abrieron y los aficionados empezaron a entrar a cuentagotas. Una hora antes del partido, el pabellón estaba prácticamente lleno y las peñas, encabezadas por el Frente Viriato, ya estaban caldeando el ambiente. De nuevo se volvió a colgar el cartel de "entradas agotadas" y muchos aficionados tuvieron que seguir el partido a través de la radio en los alrededores del municipal de los deportes.
Llegaba la hora del partido. En el pabellón se apiñaban cerca de 2.200 personas, algo inaudito en esta ciudad en un recinto cerrado. El palco también presentaba una imagen de gala con la alcaldesa y el presidente de la Diputación flanqueando al presidente del Fútbol Sala Zamora, que vivía con muchos nervios y tensión el previo del choque.
Eran las 18.24 y los jugadores saltaban a la cancha. En la preferencia los confetis volaban por el aire y un gran tifo se desplegaba en el sector central. La pancarta rezaba: "Próxima estación…" y el dibujo correspondía a una boca de metro con la palabra "Honor". Los jugadores miraban el tifo artesanal del Frente Viriato y luego miraban al cielo, como pidiendo que la fiesta no se estropeara. También otra pancarta rezaba: "Entrada: 6 euros, bufanda: 10 euros. Ver a tu equipo en División de Honor, no tiene precio".
Entonces comenzó el partido y las gargantas de los aficionados no pararon de gritar. Al contrario que en el duelo ante Bujalance, en el que la tensión atenazaba a los hinchas, esta vez la animación fue perfecta. Las cerca de 2.200 personas se contagiaban del ánimo de preferencia y el pabellón entero rugía en cada jugada, en cada acción, en cada gol, en cada actuación arbitral. Los viejos cimientos del Angel Nieto seguro que temblaron con cada uno de los goles que se cantaban como si fueran los últimos, ante la magnitud del logro que estaba al alcance. El empeño de los jugadores en el partido era proporcional al logro que se traían entre manos.
Por fin llegó el término del partido. Las previsiones se cumplían y el Arcebansa ganaba el partido. Los jugadores se abrazaban entre ellos, con el cuerpo técnico y acto seguido con los aficionados, que en cuestión de segundos habían saltado desde las gradas para abrazar a los héroes que habían ascendido al equipo y que pueden sacar a Zamora del ostracismo deportivo. En ese momento, jugadores y aficionados lucían las camisetas preparadas para el ascenso. "Afición de plata, equipo de oro" rezaba uno de los lemas. El cava y las botellas de agua corrían por las cabezas de aficionados y jugadores, que estaban deseosos de llegar a la máxima categoría.
Después, mientras los aficionados iban en tropel hacia La Marina para celebrar el ascenso, los jugadores se demoraron un poco más, haciendo pasar por las duchas a todos los que se ponían por delante: entrenador, delegado, encargado de material, vicepresidente…
La fiesta se completó primero en el Ayuntamiento y luego en la fuente, para coronar a un equipo que la temporada próxima llevará los colores de la provincia en la máxima categoría de un deporte colectivo y considerado de élite.