España coquetea con la derrota, pero remonta y vence en Turquía igualando los 31 partidos sin perder de la "era Clemente" y poniendo a tiro el Mundial
EFE.
Estambul
La selección española jugó con la derrota y se sobrepuso a Turquía y al ambiente infernal del Ali Sami Yen, donde prácticamente selló el pasaporte al Mundial de Sudáfrica 2010 con una acción de pillo de Dani Güiza sobre la hora, que dio el triunfo y sirvió como agradecimiento a la confianza de Vicente Del Bosque.
Era el encuentro más complicado camino del Mundial 2010. La visita a todo un semifinalista de la Eurocopa, Turquía, que había preparado una encerrona en el Ali Sami Yen, estadio de reducidas dimensiones donde el aliento de los incondicionales pretendía frenar a la campeona de Europa. Un escenario que conocía bien el que acabó siendo el protagonista del partido: Dani Güiza.
Inmerso en el peor momento de su vida. Atropellado por polémicas extradeportivas. En el centro de la polémica y con un bajo rendimiento en el Fenerbahce, Güiza cumplió su palabra. Salió a comerse el mundo en los cinco minutos que tuvo y tras inventar la victoria de España miró a Del Bosque. Gracias. Le quiso transmitir.
Fatih Terim es algo más que un seleccionador en Turquía. El líder del grupo. Un sargento con sus jugadores. El encargado de mentalizar a unos guerreros que recibieron a España convertidos en once "Bravehearts", ayudados por el ambiente infernal de las gradas. Un buen planteamiento. Un juego notable. No sirvió para frenar a la campeona de Europa en el Santiago Bernabéu. Terim tenía que apelar a algo más en busca de la proeza. Tocó el orgullo de un grupo de jugadores que salió a morder y pasado de revoluciones ayudado por la nacionalidad del colegiado.
España estaba mentalizada para lo que le esperaba. Conocía la encerrona y salió espectante. Defendió al inicio y luego se adueñó del balón, cuando Albert Riera avisó con una zurdazo colocado que sacó con una espectacular intervención Volkan Demirel (min.13).
Era Riera una de las novedades de Del Bosque en un regreso al pasado, en la recuperación del sistema del éxito, el que encontró Luis Aragonés en una noche decisiva en Dinamarca. Cinco centrocampistas y un solo delantero. Un sistema que sin Iniesta y Cesc no es lo mismo.
El ímpetu de la grada se frenó cuando España sacó su estilo. El toque calmó a las fieras y hasta las durmió por minutos. Se silenció el infierno. La línea adelantada turca retrocedió y las diabluras de Xavi y Silva comenzaron a hacer daño.
No hubo remate porque Fernando Torres fue una isla en muchos momentos. Desesperado al recibir falta siempre y sin encontrar premio a sus continuos movimientos de desmarque. Tuvo dos ocasiones y en las dos remató blando.
España impuso un criterio y recibió un castigo excesivo. El primer tiro a puerta de Turquía fue gol. Un centro desde el costado acabó en pies de Tuncay Sanli, que tras partir en fuera de juego, tocó lo justo el esférico ante la salida de Casillas para que Semih Senturk marcase a puerta vacía.
Tocaba remontar, como ocurrió en otra de las salidas complicadas de la fase de clasificación en Bruselas ante Bélgica. Allí la magia de Iniesta levantó el partido. España necesitaba la aparición de un líder, porque el gol desató instantes de incertidumbre que desaprovechó Nihat, que también chutó a las nubes delante de Casillas en la reanudación.Fue el último despiste defensivo. Reapareció la seguridad de una zaga sin Puyol, en la que Del Bosque rescató a Marchena y dio continuidad a Piqué.
Iba camino Del Bosque de tardar en reaccionar, como en el Bernabéu cuando le salvó un gol a balón a parado, pero España empató. Un remate de cabeza de Torres se estrelló en la mano de Uzulmez y Xabi Alonso de penalti y en Estambul no perdonó.El empate fue un golpe que no encajó bien una Turquía obligada a ganar para mantener esperanzas de clasificarse.
A España le sobra confianza y fe en sus cualidades. Comenzó a llegar a la portería de Demirel pero Torres no pudo hacer gol en dos nuevas acciones.
Subieron los decibelios cuando saltó Güiza al terreno de juego.
Pocas veces un futbolista aprovechó tanto cinco minutos. En su primer desmarque casi remata a gol y cuando las fuerzas flaqueaban luchó un balón que se llevó con la cabeza, se marchó en velocidad de dos jugadores y regaló el gol a Riera. Héroe del partido que premia la paternal forma de dirigir a sus jugadores de Del Bosque.