Los rojiblancos hicieron una primera parte nefasta, pero en el segundo acto desplegaron su mejor fútbol sala para arrollar al equipo levantino
ANGEL GARCÍA.
Había no hace mucho un programa televisivo que ciertamente no tuvo mucho éxito en la parrilla de programación. Suponemos este extremo porque tampoco se pudieron ver muchas entregas de este programa. "Cambio radical" se llamaba este espacio en donde una persona, a disgusto con su imagen física, acudía y se echaba en las manos de los profesionales del bisturí para mejorar su apariencia.
No tuvo mucho éxito este programa, pero los responsables de la cadena que lo emitía se pasaron ayer por la tarde por el Pabellón Angel Nieto para intentar darle un marchamo de calidad a su "reality". Para ello eligieron no a una persona, sino a un equipo, el Arcebansa Zamora. Un plantel que denostaba la imagen mostrada la semana pasada en Puertollano y quería cambiarla a una mejor.
Se buscaba una cara acorde a la fiel hinchada que sigue apoyando partido tras partido al FS Zamora.
En el primer acto del programa, antes de la primera publicidad, los realizadores de este programa sacaron todas las vergüenzas del Arcebansa. Pese a empezar marcando, el conjunto de Miguel Angel Hernández se dejó llevar por el juego de Maristas Valencia. Los levantinos sabían qué hacer para desarbolar al rival: cerrarse muy bien en la defensa y aprovechar los errores del contrario. Esta táctica les salió bien y se marcharon al descanso dominando el electrónico (1-2), merced a un gol de doble penalti de Passarinho a falta de dos minutos para el asueto.
La transformación
Entonces llegó el tiempo de publicidad. La pausa le vino muy bien al Arcebansa, pues fue el tiempo que necesitaron los especialistas de la estética para arreglarle las imperfecciones. Bisturí en mano, Miguel Angel Hernández, se encargó de arreglar los defectos que habían acompañado al equipo durante el duelo ante el Puertollano y durante los primeros veinte minutos del programa ante Maristas Valencia.
Tras el asueto, el FS Zamora fue otro. Más alto, más guapo, más jovial y mucho más acertado. La cantidad de recursos esgrimidos por los rojiblancos sobre la cancha, el juego eléctrico, las combinaciones fluidas y las rotaciones incesantes, dejaron sin fuelle a los jugadores de Valencia que no sabían como parar la sangría. Una sangría que se convirtió en hemorragia cuando el Arcebansa acertó con la portería de Gascó. Dos goles de Marcelo Silami en los primeros cuatro minutos daban la vuelta al marcador.
Ese era el momento. El Arcebansa debía romper el partido y lo hizo con dos goles más, uno de Pipe y otro de Pavesio. El de Pipe, después de una jugada sublime de Carlos Alberto. De ésas que hacen que los aficionados se pongan en pie en los graderíos y ovacionen más al pasador que al goleador. El pernambucano dejó sentados a dos jugadores en la banda derecha, a la altura del banquillo de Ricardo Iñiguez, al que le entraron ganas de parar la jugada por la belleza de la misma.
Con tres goles de renta, el partido se vio ganado desde la pista y también desde las gradas. Los zamoranos pudieron ampliar un poco más la ventaja, pero de nuevo el meta rival fue el jugador más destacado del equipo contrario y evitó la goleada.
La peor sensación es que el Arcebansa volvió a sufrir cuando el rival le hizo la táctica de portero jugador, pero lo que queda claro es que aún así, el Arcebansa fue un ciclón en la segunda mitad.
Esperemos que este sea el punto de inflexión que catapulte al equipo en la fase de ascenso.