Entrevista

Ildefonso Falcones: "Yo a una novela le pido que me sacuda"

Tras el éxito de 'La catedral del mar' hace diez años, el escritor regresa con 'Los herederos de la tierra'

09.09.2016 | 00:50
Ildefonso Falcones regresa con ´Los herederos de la tierra´.
Ildefonso Falcones regresa con ´Los herederos de la tierra´.

El acontecimiento literario de la rentrée es, sin duda, la aparición de Los herederos de la tierra, segunda parte de La catedral del mar, de Ildefonso Falcones, que está en las librerías desde finales de agosto. El autor, que vendió siete millones de ejemplares del que fue su debut literario, regresa a la Barcelona del siglo XIV, en una acción situada tres años después del final de la primera novela. Falcones describe una ciudad apasionante –se diría que sacada de un episodio de Juego de tronos–, con ejecuciones públicas, odios, batallas navales, pasiones, intrigas por el poder y un protagonista, Hugo Llor, que es un huérfano de 12 años que sueña con convertirse en constructor de barcos mientras trabaja en las atarazanas. El autor se pasea con Magazine por algunos de los escenarios de la novela. Al lado de Santa Maria del Mar, hay varios turistas con su novela en inglés.

¿Por qué una segunda parte? ¿Por petición popular?
Me lo han pedido reiteradas veces, es verdad€ Se cumplen diez años de La catedral€, yo soy un escritor tardío, ahora tengo 57 años, y tampoco podía esperar mucho.

¿Y no le ha pesado la presión?
Parto de la base de que La catedral€ fue un éxito tremendo e irrepetible. Me conformaría con que este siguiera un poco su estela. La crisis se ha notado mucho, y la gente ya no compra libros tan alegremente.

"El protagonista de la novela es Hugo Llor, un luchador, una persona que intenta salir adelante, se queda huérfano en una Barcelona medieval muy dura e injusta y lucha por sobrevivir y ser feliz"


La primera escena de La catedral€ era muy impactante, con aquella violación... Aquí también empieza muy fuerte, deja al lector salpicado de sangre ya desde el inicio€
No sé si debemos describirla€ Intento captar la atención sin caer en ninguna barbaridad, es decir, que todo encaje, sea ­histórico y tenga sentido en la trama.

¿Cómo definiría a su nuevo protagonista, Hugo Llor?
Un luchador, una persona que intenta salir adelante, se queda huérfano en una Barcelona medieval muy dura e injusta. Es otra vez la lucha de una persona por sobrevivir y ser feliz en una época muy difícil.

Empieza en las atarazanas, donde estamos ahora.
Aquí construían las galeras, las montaban y las desmontaban, eso es lo curioso, que las desmontaban y luego con las mismas maderas hacían casas. Había algunas naves que ni siquiera llegaban a botarse y directamente eran deshechas. Aquí se guardaba también el material y los equipos de la guerra.

La estructura del edificio era la misma, ¿no?
Era exactamente esto, una magnífica obra gótica, y el mar estaba ahí, en la misma puerta, esa es la diferencia, había una empalizada de madera que evitaba que las olas batiesen contra las puertas de las atarazanas y dañaran las barcas; con los siglos hemos ganado bastante terreno al mar. Era lógico, porque así podían salir los barcos directamente. Eran una de las atarazanas más productivas del Mediterráneo. Había un patio central y dos juegos de naves, que ya no existen.

¿Tanta importancia tenían?
Los barcos eran la vida de Barcelona. Si consiguió ser una gran ciudad fue gracias al comercio y la armada, con la que se pudo conquistar tierra lejana. Además de estas, había otras atarazanas en la misma playa. Ocupaban a mucha gente: los calafateadores, los que hacían los remos y las maderas, los mestres d´aixa, los bastaixos, que subían y bajaban los barcos y llevaban maderas de arriba abajo.

"Me encanta escribir sobre el humilde, el que es injustamente tratado y lucha por unos principios. Yo me fijo en el pueblo llano, ya hay otras novelas históricas que se centran en los reyes y nobles"


¿Es verdad que los genoveses eran especialmente buenos?
Sí, por eso cuando hacían algún prisionero genovés, aprovechaban y se los traían de esclavos.

El niño aguantando la bola del condenado mientras trabaja es una imagen muy literaria.
No está inventado, hay referencias escritas. A los mestres d´aixa extranjeros que capturaban les hacían trabajar, les ponían una bola de presidiario para que no pudieran escapar, y por eso llevaban un niño con la bola a cuestas, corriéndoles detrás, para que tuvieran movilidad.

¿Había tantos esclavos?
Sí. Muchas veces me encuentro lectores reacios a aceptar que en Catalunya hubiera habido esclavos, pero sí, los hubo. En aquellos días, era una esclavitud formada por orientales. Catalunya no estaba en guerra con los musulmanes y por eso la mayoría de los esclavos procedían de otras tierras: rusos, albanos, moldavos, rumanos€ Pero, en Barcelona, había mucha gente que los liberaba, era una posibilidad que se preveía estatutariamente. También se pactaba la talla, la posibilidad de obtener la libertad trabajando y pagando un diezmo al amo periódicamente. Cuando la cantidad estaba pagada, como si fuera una hipoteca, eran liberados.

En realidad, usted tiene imagen de otra cosa, pero sus novelas pueden leerse como denuncias de la estructura social.
Son injusticias sociales ya muy pasadas€ Me encanta escribir sobre el humilde, el personaje que es injustamente tratado y lucha por unos principios, yo me fijo en el pueblo llano, ya hay otras novelas históricas que se centran en los reyes y nobles. Pero, socialmente, no se puede comparar nuestra sociedad con la edad media. No existían los derechos civiles, y los nobles maltrataban a todos los demás. Aún podemos hablar de esclavitud, pero la diferencia es que en aquella época era asumida, la defendía incluso la Iglesia, no se luchaba contra ella. Hoy no conseguimos detenerla, tenemos trata de blancas, 10.000 niños desaparecidos entre los refugiados€ pero todos sabemos que es un horror, algo contra lo que tenemos que luchar.

Una de las imágenes que más van a sorprender a los lectores es esa Barcelona con mares tumultuosos, infestados de corsarios y escaramuzas navales, parece más el Caribe que el Mediterráneo.
El corso ha existido siempre, y los mares tenían barcos con bandera de Castilla, de Catalunya€ y había batallas contra berberiscos, genoveses€ En Sitges, donde veraneo, hay un cañón apuntando al mar, junto a la iglesia, con el que se batió a no sé qué escuadra. En La mano de Fátima hablé más de los corsarios. La mayoría de los pueblos de la costa están separados de la playa por esa razón, para protegerse del corso.

Otro de los ejes de la trama es la presencia de judíos.
La trayectoria de los judíos en España culmina con la expulsión, pero las etapas previas son mucho más duras. Ya en La catedral del mar se les hace culpables de la peste, hay ataques a la judería y muertos. Pero en esta continuación ya vemos cómo, en 1391, Barcelona destruyó completamente la judería, su barrio. Los que se convirtieron se quedaron aquí, y a los que no se querían convertir se les asesinó, directamente.

Lo de las ejecuciones públicas es algo que hemos visto en las películas€
€pero que no se piensa que haya sucedido aquí al lado, ¿verdad? Pues sí: en la Rambla había horcas, en la puerta de la Boqueria, y allí se colgaba a las víctimas. Había muchas horcas repartidas por Barcelona, donde se colgaba y luego descuartizaba a la gente, y se les dejaba allí hasta que se pudrían. Cuando al chaval lo escoban, era así: al blasfemo le ponían un huso por la lengua, lo untaban con mierda, lo iban llevando arrastrado por un mulo por toda Barcelona y lo iban insultando y escupiendo. Barcelona no era ajena a toda esa violencia.

Aquí sale el barrio de la Ribera, pero la acción principal se traslada al Raval. ¿Qué barrio era entonces?
El Raval son los arrabales, todo lo que estaba fuera de la ciudad. Como barrio delimitado, nace en aquella época, cuando se proyecta la última muralla de Barcelona, que viene a rodearlo. Es una zona humilde, hasta ese momento extramuros, vivían en ella muchos libertos, que tenían prohibido vivir en el interior de la ciudad, tenían que vivir más allá del portal de Santa Ana. En su interior estaba muy poco urbanizado, había muchas viñas, huertos€ y así siguió hasta el siglo XVIII o XIX.

Las distancias se ven enormes.
Sí, lo hacen todo andando. Pero había caminos intransitables, salteadores... Intento estudiar muy a fondo, y por eso me sorprende leer tantas novelas en que la gente se desplaza alegremente, como si fuera en la actualidad. Hasta el siglo XIX la gente no viajaba, no tenía sentido, y no había infraestructuras para ello, en la edad media menos todavía. No había ningún camino de carros para llegar a Sitges, tenías que ir con una mula, y había que pagar, además. También los hago viajar por España, a Valencia y Zaragoza, por ejemplo, lo que me permite reflejar la situación de tensión e incertidumbre en los reinos cuando fallece el rey, antes del compromiso de Caspe.

"Las escenas de sexo y violencia las voy compaginando cada equis páginas, hay que mantener el interés. Yo a una novela le pido que me sacuda. Si no pasan cosas, no me atrae"


Los burdeles de la época eran muy grandes, ¿no?
Eso en Valencia, que era casi un barrio entero; los valencianos siempre han sido gente muy echada para adelante. En Barcelona había varios, uno detrás de la Boqueria, pero eran lugares aislados.

El mundo del vino es importante en la novela. El protagonista acaba dedicándose a las viñas.
En Barcelona había viñedos, no sólo en el Raval, sino también donde hoy está el Eixample. Era una zona muy fructífera y considerada. Era una época en que la gente no bebía agua, porque podía causar enfermedades; todo el mundo bebía vino, que tenía efectos medicinales, era toda una cultura vinícola recuperada después de los moros.

Había vinos de todo tipo€
Algunos imbebibles, porque se agriaban. Los estudiosos dicen que no influyeron los 800 años de dominio musulmán, pero personalmente creo que sí porque la calidad de los vinos que teníamos aquí era muy inferior a la calidad de los que tenían en Italia, perdimos 800 años de tecnología.

Háblenos del aguardiente.
Era el aqua vitae, la quintaesencia del vino. Se utilizaba mucho. Los moros ya destilaban mucho, el azahar por ejemplo, lo que pasa es que no se bebía, el aguardiente tenía un uso meramente medicinal. Hasta llegar a lo que ellos consideraban lo más puro hacían varias destilaciones, nueve o diez, debían de llegar a un alcohol de 90 grados, beberlo sería imposible. En 1430 o 1440 en Italia ya se empieza a hacer uso del aguardiente como bebida espirituosa.

El lector hace una inmersión total en derecho civil medieval. Por ejemplo, vemos que, en los compromisos de matrimonio, el marido recibía la dote pero tenía que pagar una parte.
Eso era el escreix, una institución propia de Barcelona, muy catalana, era el precio que pagaba el hombre por la virginidad de la novia; en Barcelona alcanzaba la mitad de la dote que los padres de la novia daban al marido.

Si se rompía el compromiso, también se pagaba.
Había una garantía y hasta una cláusula penal: si te echabas atrás, devolvías todo lo que te habían dado y pagabas además la cláusula.

Aquí se detiene bastante en las intrigas palaciegas€
Es la época del compromiso de Caspe. Siempre se nos ha vendido como un compromiso, como si la gente hubiera llegado a un acuerdo de buena fe, para que un rey castellano reinase en Catalunya y Aragón y que eso era el principio de los reyes católicos. En realidad, de compromiso no tuvo nada, hubo sobornos, guerras, intereses€ de todo menos compromiso. El otro elemento político que uso es el cisma de Occidente, con el Papa de Aviñón y el Papa romano; luego salió otro, el cisma del cisma, y nos encontramos con tres papas a la vez.

Evoca la atmósfera urbana, con todos sus colores y aromas...
Sobre todo el ruido: esta vez hago hincapié en los gritos, debía de ser agobiante, se anunciaba todo a voces, los mercaderes, las órdenes, las muertes, los deudores, las ventas de esclavos€ Entrar en una ciudad era algo ensordecedor, sobre todo por el contraste del silencio del campo.

También los olores
No había cloacas. Y la orina se utilizaba como fertilizante para las viñas, además de para solventar problemas de las plantas.

Las escenas de violencia o sexo ¿las dosifica?
Las voy compaginando cada equis páginas, hay que mantener el interés. Yo a una novela le pido que me sacuda. Si no pasan cosas, no me atrae. No sé si insisto mucho en el sexo o la violencia, también incluyo el amor, el odio y todas las pasiones humanas. Veo la literatura como un entretenimiento, los hay que preferirían que fuera otra cosa, mucho más seria, pero eso dejaría fuera a muchísima gente.

¿Qué puede contar del proyecto de serie televisiva sobre La catedral del mar?
Se está rodando ya, se encarga de ello Diagonal TV, los mismos que hicieron Isabel, promete ser una gran producción. He leído por encima el guión, les he dado tres o cuatro precisiones y tienen mi visto bueno, pero no me meto porque hay profesionales de esto y entiendo que tienen que cambiar algunas cosas. El interés es común: que salga bien y que guste a la gente, manteniendo el espíritu de la novela.

¿Y para cuándo la tercera parte de la novela?
Dejemos que pasen otros diez años.

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