REDACCIÓN
Corría el año 1987, cuando llegaba a la gran pantalla 'Dirty Dancing', una película con tildes adolescentes y romanticona, marcada por la música y el baile. Una jovencita pasa sus vacaciones en un centro de veraneo y se enamora de su profesor de baile. Y como ella, millones de niñas y mujeres cayeron rendidas a los pies de aquel bailarín, atractivo y peligroso, que gracias a sus caderas hizo famosa la película y sus canciones.
Patrick Swayze perdía su anonimato y se convertía en el sex symbol de los 90. El climax del flim llegaba con el baile final, cuando el otro lado de la pantalla se llenaba de suspiros por ese rubio con chaqueta de cuero.