23 de noviembre de 2017
23.11.2017
Zona Oeste

Salto del Esla: la frontera del último viaje

En 1933 las aguas separaron a Villaflor de San Pedro de la Nave y hasta 1961 sus fallecidos se llevaban a enterrar a Cerezal

23.11.2017 | 00:30
Salto del Esla: la frontera del último viaje

Hasta a la hora de morir y de buscar el descanso eterno había clases y, ya se sabe, quien mas tenía, los nobles, más podía, frente a los humildes vasallos. Así nacía el "Rompimiento de Sepultura", un impuesto que los herederos habían de pagar aunque el finado hubiese fallecido con lo puesto, en el mejor de los casos, o cubierto de deudas, en el peor. El Arzobispo de Compostela, a donde pertenecían entonces las Vicarias de Alba y Aliste , por 1752, decidía retirar y retiraba a los curas este privilegio de beneficio e ingresos. Pero claro, los párrocos de Aliste y Alba no lo vieron justo, para ellos, aunque si lo fuera para sus feligreses, y promovieron un pleito contra su propio Arzobispado y el Tribunal Eclesiástico reunido el día 5 de septiembre de 1778, devolvió a los curas su impuesto y dinero. Los cerezalinos quedaron igual que estaban pues cuando el Arzobispo se lo quitó a sus curas el Conde de Peñaflor se había quedado con las dos partes la suya y la del clero, que obviamente hubo de devolverle.

En 1909 surge otro pleito en Cerezal entre varios vecinos y el cura sobre el cobro de un alquiler de centeno al año por la ofrenda de las cuatro festividades más importantes, Todos los Santos, Pascuas de Resurrección y Navidad y San Justo y Pastor. Los feligreses defendían que el cura tenía la obligación de decir la misa gratuitamente como días festivos de precepto que eran las tres primeras y la función del patrón ya la pagaba el Ayuntamiento. La Audiencia Territorial de Valladolid a donde llego el pleito ordenó al Juzgado de Alcañices que entendiera del asunto. El 18 de agosto de 1909 hubo sentencia y los vecinos encima de tener que seguir dándole al cura el centeno, hubieron de pagar las costas del juicio.

En 1933 al construirse el embalse de Ricobayo, siendo cura José Miguel Luengo,- 47 años estuvo en Cerezal-, se le agregó Villaflor y Villanueva de los Corchos. Villaflor como La Pueblica (este pueblo sumergido bajo las aguas del embalse), carecían de cementerio y los fallecidos eran trasladados en barca la camposanto de San Pedro de la Nave en la otra orilla. Cuando el río bajaba bravo el entierro podía retrase varias semanas. Al ser agregado Villaflor a Cerezal eran trasladados los finados campo a través por caminos de rodera y herradura y así durante veintiocho años, hasta que el Ayuntamiento en 1961 le construía su primer cementerio. El último viaje, en busca del descanso eterno, estuvo en Aliste unido a la fe y su lucha contra el poder del dinero.

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