14 de noviembre de 2017
14.11.2017
Francisco Alonso Anta | Secretario técnico de la asociación Apis Durii

Francisco Alonso | Apis Durii: "La apicultura es ahora la primera de las ganaderías que se instalan en el medio rural"

"La marca de calidad aumentará precio y dará valor al producto" "Las distancias están provocando problemas enormes en los pueblos"

18.11.2017 | 05:40
Francisco Alonso durante la entrevista.

La pujanza de la apicultura en la provincia durante los últimos cuatro años ha llevado al nacimiento de una nueva asociación. Apis Durii surge con el respaldo de casi medio centenar de socios, propietarios de cerca de 6.000 colmenas, lo que supone un 20% de esta actividad pecuaria en la provincia. Con una cuota de 50 euros, que cubre el seguro de las primeras 25 colmenas con el fin de atraer también a los pequeños productores, Apis Durii se marca objetivos como el impulso en la profesionalización del sector mediante la formación, abaratar costes, unificar tratamientos o poner toda la carne en el asador para conseguir la Marca de Calidad Miel de Zamora. Lo explica en esta entrevista Francisco Alonso Anta.

-¿Cuál ha sido el revulsivo para que la apicultura se manifieste como un sector emergente en Zamora?

-Creo que estamos aprovechando unos recursos de los que se beneficiaban en parte los apicultores trashumantes, lícitamente, pero aquí no valorábamos lo que teníamos. Parece que ha sido un descubrimiento, aunque lleva ahí toda la vida, y ha habido un boom en los últimos cuatro o cinco años, cuando se empezó a crecer, en parte porque se corrió la voz de que daba dinero y poco trabajo. Es mentira, la apicultura da mucho trabajo y para poder vivir hay que tener como mínimo 500 colmenas.

-¿En qué situación se encuentra Zamora en el conjunto regional?

-Comparados con Salamanca prácticamente somos testimoniales; si ellos tienen medio millón de colmenas, aquí andamos por unas 32.000. Pero con esa excepción, Zamora es una de las provincias destacadas. La incidencia a nivel ganadero también es pequeña, pero ya no son cuatro las familias que viven de ello como hace años. Hay mucha gente que se ha metido apicultor, sobre todo con las ayudas de nueva incorporación de la Junta que establecen un mínimo de 300 colmenas. La verdad es que está en franco crecimiento desde hace varios años y ahora tratamos de profesionalizar el sector.

-Un aspecto importante es la dinamización que genera en el medio rural y el asentamiento de población.

-Desde luego. Por mi experiencia profesional creo que es la primera de todas las ganaderías que se están instalando en el medio rural. Es cierto que no exige una dedicación diaria con el animal como pasa con las ovejas o las vacas, pero tiene un trabajo muy importante en casa, como es poner cera, renovar cuadros, restaurar colmenas, sacar la miel? La apicultura permite la distribución del trabajo, organizarte y conciliar la vida familiar y laboral, por eso son muchas las mujeres que se están incorporando; sobre la mitad de las nuevas explotaciones las llevan mujeres.

-En este contexto de renacimiento del sector nace Apis Durii, ¿con qué objetivos?

-La primera idea es la cuestión sanitaria. De ahí surgieron las ideas de unos y otros para decidir agruparnos. Las abejas están desapareciendo, ya no quedan colmenas silvestres en el monte por culpa de la varroa destructor, una pequeña garrapata que se pega a las abejas y cuyo ciclo de vida está íntimamente ligado a ellas, por eso es tan complicada su erradicación. Hay que llevar el tratamiento a rajatabla para tratar de controlar la varroa porque la erradicación hoy por hoy es imposible.

-¿Es éste el gran quebradero de cabeza del sector en estos momentos?

-Sin duda. La varroa destructor es el principal problema de la apicultura mundial. Ya no solo porque acaba con las abejas, es que además es la puerta de entrada a otro tipo de enfermedades de mucha mayor gravedad a corto plazo, como la loque americana, que cuando se detecta en un colmenar la norma obliga a quemar el colmenar entero. No es que haya loque, pero a veces entra por ese debilitamiento que produce varroa destructor.

-¿Cómo piensan actuar desde la asociación contra este peligro para las abejas?

-Había que empezar a poner coto, no puede ser que unos apicultores traten con un producto un año, otros con otro y otros con un tercero. La intención primera del grupo que hemos formado la Unión Profesional de Apicultores de Zamora era crear una ADS (Agrupación de Defensa de Sanitaria), pero hacen falta un mínimo de 33.000 colmenas, algo absurdo porque no las tenemos en Zamora. Como no es posible vamos a empezar por la asociación, tratando de crecer y ojalá mañana entre todas las asociaciones podamos crear la ADS que al final lo que implica es que todos los asentamientos que estén dentro del territorio de esa ADS tienen que tratar con los mismos medicamentos, con el programa sanitario que decidan los veterinarios.

-También han planteado seguros que garanticen la supervivencia de los colmenares.

-Hay seguros, pero pensamos que no lo suficientemente fuertes como para asumir el riesgo que entraña un fuego y los destruya, como ha pasado este año. Hace falta un seguro realista. 60 ó 90 euros no da para reponer un colmenar porque son precios anticuados. Tenemos una póliza que cubre 190 euros por colmena entre mayo y septiembre y además nos cubre la miel.

-¿Agruparse va a permitir reducir costes?

-Es otro de nuestros objetivos, porque ahora mismo los costes para un pequeño apicultor son muy altos. Hay que reducir gastos en material, herramientas, maquinaria o alimentación. Y todo ello unido a una necesaria formación, hemos nacido con la intención de profesionalizar el sector, no solamente los apicultores profesionales. Aquí es bienvenido el socio que tenga 1.500 colmenas y el que tiene dos, porque nos interesa ir en la misma dirección. Al fin y al cabo, amén de los comerciales, el resto de intereses son compartidos. Todos queremos que las colmenas prosperen. Ahora mismo hay unas pérdidas de ganado del 20 al 30% anuales, mientras que en vacuno o en ovino las bajas pueden estar en el 5%. Esto se puede reducir a base de tratar aplicar todos el mismo tratamiento y no andar cada uno por nuestra cuenta.

-¿Es factible conseguir la deseada Marca de Calidad "Miel de Zamora"?

-Entendemos que sí. Hemos celebrado una reunión con la Diputación y tenemos claro que tiene que estar incluida toda la provincia. Tenemos una miel de altísima calidad, probablemente debido a la despoblación que padecemos, casi toda procedente de montes alejados de zonas tratadas con pesticidas. En el oeste, Sanabria, Carballeda, Aliste, Tábara, Alba o Sayago se encuentran las colmenas más agrestes de España. De ahí también la calidad del producto. La cosa pinta bien y la Diputación tiene mucho interés.

-¿Qué supondría ese reconocimiento?

-A parte de una figura más de calidad para los alimentos de Zamora, que tenemos ya un montón, repercutiría en un incremento de precio y de la valoración por parte del consumidor. Si nos vamos a cualquier supermercado el consumidor tiene que fijarse en el etiquetado, donde hay una información que pone miel originaria de Estados UE y no UE. El consumidor puede comprar más barato pero es una miel que procede sobre todo de Asia, y no tiene nada que ver con la calidad de nuestro producto.

-La trashumancia esta generando problemas y hasta enfrentamientos, ¿hay normativa confusa o un exceso de celo de los locales?

-Estamos a favor de todos los tipos de apicultura, siempre y cuando se respeten las leyes y a las personas. Es necesaria una equiparación definitiva de los asentamientos estantes y los trashumantes. Tenemos las mismas leyes y las mismas obligaciones, pero hay trashumantes que no respetan.

-¿Por qué son tan cuestionadas las distancias entre asentamientos?

-Porque los dos kilómetros establecidos ahora son inviables. En muchísimos pueblos, por ejemplo de Sanabria y Carballeda, no pueden poder poner colmenas los propios vecinos porque en los pueblos de alrededor hay ya colmenares y no se pueden cumplir las distancias. Eso está dando lugar a problemas enormes; de hecho ha habido incendios (este año no) que tienen que ver con cuestiones de distancias. Es que hay que respetar unos espacios y tiene que haber unas distancias porque las flores no son ilimitadas pero con un kilómetro, como se hacía antes, hay flores de sobra.

-La formación va a ser otro de los caballos de batalla.

-Estamos peleando por ello; queremos sacar un curso de 7 u 8 jornadas de iniciación a la apicultura y otro de cría de reinas porque es el futuro, o el aprovechamiento de la apitoxina que a nivel cosmético tiene muchísima salida y no se está aprovechando. Para años como este con mermas de la producción del 70-80% respecto a un año normal podría ser una solución.

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