Ciega y fiel al ganado

Samba es una perra carea que perdió la visión tras un "desafortunado" tratamiento, pero todos los días acompaña al rebaño de ovejas por el campo de Moral de Sayago

12.11.2016 | 02:33
Aurora Prieto frena a las ovejas, con Samba saltando a la derecha frente a los animales.

Samba es una perra ciega. Y a su admirable fidelidad a la dueña añade el férreo compromiso acompañar a diario al ganado por un monte plagado de vegetación y arbustos nada aconsejable para cualquier animal carente del sentido de la vista.

Es una perra de temperamento espabilado y está empadronada y ejerce su oficio en Moral de Sayago. Su lugar de nacimiento.

"No perdió la visión de golpe. Fue perdiendo la vista poco a poco desde hace dos años hasta quedarse sin nada" expresa la pastora Aurora Prieto, que pastorea un rebaño de ovejas que estos días camina por las trochas a la velocidad de las cabras y sin mirar para las hierbas por causa de las bellotas.

Samba aprovecha el resto de los sentidos al máximo para seguir los pasos del ganado o de la dueña, a la que se pega lo que puede. El oído, el olfato y el instinto la mantienen alerta y en conexión con las ovejas y con Ana Prieto. También con otros dos careas: Negri o Mori, y un cachorrete llamado Tobi, en cuya sesera no hay otra idea que corretear y jugar. Es un ser feliz.

Para mayor desgracia, Samba siente un miedo cerval a las carreteras o al asfalto por la que a veces camina la pastora en tanto que las reses avanzan por entre los tomillares. Y es que hace un tiempo la atropelló un vehículo cuando, al pasar un puente, el conductor no pudo esquivar al animal que, debido a la ceguera, tampoco consiguió eludir el encontronazo. "Desde entonces tiene miedo a andar por las carreteras", afirma Ana Prieto.

Samba perdió la vista cuando la dueña trató de curarla una enfermedad que afectaba a su piel, y que obligaba a la perra "a rascarse mucho". "Era un producto que echábamos para eliminar los bichos, pero se ve que entró en los ojos" precisa Prieto. Luego recurrió a los antibióticos pero el mal estaba hecho con el nefasto resultado. "Me daba pena matarla" manifiesta la ganadera, así es que la vida siguió adelante.

"Los animales tienen muy buena memoria" expresa un forestal al dar una posible explicación al comportamiento de la perra por unos escenarios montunos, que también trastea el jabalí a la vista de las hozaduras que aparecen en uno y otro sitio. "No suelen tropezar dos veces en la misma piedra" añade, pero, sin embargo, está más que extrañado por el caso.

"¡La pobre a veces se da unos trompazos!" exclama Prieto, que afirma que la carea en ocasiones sale corriendo y se golpea con el ramaje porque "no atina" a salvar los escollos.

Luce Samba un pelo rojizo y rizado, y sus cuatro patas están punteadas de un blanco que la confieren una cierta elegancia. Continuamente pretende saber dónde está su dueña porque a su vera parece hallar una mayor seguridad. Pero la costumbre y la vocación de carea la lleva en la sangre y tratar de marchar hacia las ovejas cada vez que otro perro ladra o la ganadera da una voz para reconducir a las ovejas más díscolas.

La ganadera atiende el rebaño con los sentidos puestos en el ganado, pero también en la actualidad y en el mundo, al que sigue atada con un transistor y el móvil. No lejos, otro pastor o pastora toca una flauta.

Ana Prieto, Samba, Mori y Tobi marchan al filo de la cabaña ovina por un monte poblado de encinas, roble y arbustos, entre los que el tomillo es una planta que perfuma el campo de una manera notable. Es además una planta recogida por algunos habitantes para su uso en la gastronomía.

"Las bellotas gustan mucho a las ovejas" manifiesta Aurora Prieto. Prueba de que a los animales les arroba este producto es que devoran metros a una velocidad asombrosa. Nada más que una oveja enfila hacia el bajo de otra encina arrancan las demás como balas para no perder bocado. Ana Prieto las sujeta lanzando una piedra a las que buscan nuevo comedero. Es un gesto que moviliza al instante a los careas y a Samba, que no quiere perder la estela y lucha por cumplir con efectividad, como siempre lo hizo. Da la impresión de percibir las sombras entre una difusa claridad por la forma de esquivar algunos troncos o ramajes, pero sus ojos sobreabiertos y como desprovistos de vida, y el hecho de que incluso se golpee con la vara que maneja Ana Prieto, cuando la mantiene apoyada en el suelo, certifican que Samba tiene todos los sentidos despiertos al máximo, salvo el de la vista.

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