Un siglo de vivencias

Herminia Montero afirma que "se le presentó la cara de la Virgen de la Alcobilla", a quien pidió frenar un incendio

22.08.2016 | 01:00
Herminia Montero acompañada de familiares en San Justo.

Herminia Montero Remesal nació un 22 de agosto de 1916 en San Justo de Sanabria en el seno de una familia de cuatro hermanos, fruto del matrimonio entre Francisca y Sergio.

A punto de convertirse en una de las centenarias del municipio, recuerda cómo con 49 años y tras diagnosticarle un cáncer, tras un aborto, el médico "me dio cinco años de vida". Cinco que se han multiplicado por 10 y alguno más. "¡Ojalá que todos acertaran como ese médico!" manifiesta esta mujer que prácticamente ha pasado toda su vida en su pueblo natal, ligada a las duras tareas del campo y el cuidado de sus seis hijos.

Los médicos que por entonces atendían en la zona "no eran buenos" y se trasladó a La Bañeza donde residía un primo médico "muy bueno", Julio Sotillo, que la operó con éxito.

Uno de los seis hijos que nacieron en el matrimonio falleció a la corta edad de tres años. Un niño rubio y bonito "que tenía a todo el pueblo prendado de lo bonito que era". Al parecer el niño enfermó de una infección y el médico le recetó "inyecciones de leche cruda" con funesto resultado para el bebé "que dio en empeorar". Para cuando se le recetó un medicamento las escasas existencias que había en la botica volaron y las pocas inyecciones que le pudieron aplicar no fueron suficientes.

La vida ha dado a la centenaria de San Justo cinco nietos y cinco biznietos con los que ha empezado a celebrar su cumpleaños.

Fatigas y tristezas no le impiden afirmar a esta mujer centenaria que "eran tiempos muy bonitos" pese a que el matrimonio salía de mañana, bien pronto, a arar cada uno con una pareja de vacas, atender los animales y no pocos cultivos de judías y garbanzos.

"Yo cantaba bien"

Contrajo matrimonio un tres de noviembre y la costumbre era que las familias "comieran en casa de la novia". Era una joven muy guapa y no le faltaban pretendientes. En una ocasión puso en un apuro a un muchacho que la seguía por la escalera arriba mientras ella lo despedía, tal fue la insistencia que azuzó a la perra "Turca" que lo corrió escaleras abajo.

Herminia se arranca con unos pasos de baile sanabrés "yo cantaba bien" y además recuerda algunas estrofas de canciones y romances. Muchas dedicadas a la Virgen. En una ocasión se prendió fuego en la Cabuerca de Fabal muy cerca de las casas y pidió a la Virgen de la Alcobilla que salvara las casas, imagen por la que conserva una gran devoción. A Herminia se le representó "la cara de Virgen y el fuego no pasó para delante".

En su cuello lleva la medalla de la Virgen del Carmen que le regaló su marido.

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