Sanabria-La Carballeda

Solsticio en Ribadelago

Decenas de personas procedentes de diferentes pueblos participan en la tradicional hoguera de san Juan

25.06.2016 | 12:59
Hogueras de San Juan en Ribadelago

El cambio climático hizo una aparición fugaz en la hoguera de San Juan de Ribadelago en la medianoche del viernes. Las mascaradas de invernales de la Visparra y la Talanqueira de Vigo se arrimaron al resplandor de la fogata sorprendiendo a los espectadores.

Un año más ribalagueses y sanabreses de decenas de pueblos de la comarca se concentraron en el pueblo Viejo para cumplir con el ritual de ver el fuego y renovar deseos la noche de san Juan, en la explanada junto al río Tera. Hasta se oyeron con gran sonoridad los cencerros en esta ocasión, que no campanas.

Con la inmerecida fama de incendiarios que arrastran los sanabreses, costó prender la gran pira de leña y escobas levantada en el lugar. En esta ocasión fue una fogonera, con mucha pericia, la que logró que el fuego arrancara con fuerza mientras los intentos de los hombres se apagaban uno tras otro. En pleno fragor, el calor de la hoguera obligaba a retroceder mientras que los más deseosos se adelantan para lazar sobre el fuego sus papeles y pedir nuevos deseos.

La primera en cumplir el ritual fue una mujer que no se conformó con una sola hoja, sino que lanzó un bolso repleto de papeles. El que se presentó sin hojas se conformó con contribuir con la hoguera con ramas o escobas de la propia pira.

Mientras los espectadores no quitaban ojo al crepitar de las llamas, por la retaguardia avanzaron los enmascarados del frío, cuya presencia solo se advirtió por los cencerros.

Una veintena de personajes, incluido el Ciego, apareció para dar una primera vuelta alrededor del fuego ante la cara atónita de los visitantes. Desde ese momento Visparras y Talanqueiras se envolvieron con los espectadores para cumplir con su propósito de agarrar y perseguir a un confiado público.

La cernada sobrevoló sobre propios y extraños, precedida de alguna carrera entre el ciego con buen ojo y sus víctimas. En un momento de la fiesta, los enmascarados rodearon el fuego para entonar una canción popular alrededor de la hoguera y poco después recogerse, no se sabe si hasta el invierno que viene o para propiciar otro salto climático en pleno invierno.

La Comisión de Fiestas de Ribadelago agasajó a los visitantes con una queimada y chocolate con churros, en una noche -la más larga del año- de temperaturas agradables y buen ambiente.

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