Tierra del Vino

Matachines de profesión

Los hermanos Basilio y Eleuterio Martín, de Corrales, siguen ejerciendo el oficio de sacrificar cerdos en los pueblos donde son requeridos por vecinos fieles a la matanza

14.06.2016 | 01:28
Matanza del cerdo organizada en Moraleja del Vino.

Los hermanos Martín, Basilio y Eleuterio, son los matachines de Corrales del Vino que a día de hoy siguen ejerciendo su oficio desplazándose de un lugar a otro allá donde son requeridos para matar al cerdo. Ambos proceden de una familia que llegó de Ledrada, en Salamanca, para asentarse en Corrales del Vino en 1965, municipio en el que son bien conocidos por sus chacinerías .

La historia de la saga familiar aparece bien reflejada en el último boletín informativo municipal que glosa la matanza, uno de los trabajos y costumbres más populares, sobre todo en épocas anteriores cuando el sacrificio del cerdo era una parte fundamental de la economía familiar, ya que proporcionaba abundantes proteínas. En la publicación cuentan los hermanos Martín (Basi y Lute) que el cerdo más grande que han matado, fue un cebón que superó los 420 kilos y que mataron en Jambrina,. Por el contrario, los más pequeños que han matado son lechones o tostones de aproximadamente 5 ó 6 kilos.

Habitualmente los útiles que emplean para su trabajo son cuerdas para atar por los hocicos a los animales, "antes se utilizaba el gancho y el lazo, que se dejaron de utilizar por lo peligroso que era para las personas". En la actualidad emplean un generador, con las pinzas aturden o duermen al animal para, de esta manera, poderlo trasladar al tajo de madera (mesa), donde lo sangran y matan. Posteriormente con el chamuscador de butano o propano (antiguamente se utilizaba para esta labor paja de centeno, escobas u otras hierbas similares) le quitan las cerdas para acabar lavando al cochino y quitar la piel quemada, antes de abrirlo en canal con el juego de cuchillos y una macheta que habitualmente utilizan para esta tarea. Para subirlo al tajo antiguamente se hacía a pulso, pero cuando el animal era grande y pesado se precisaba de la colaboración de bastantes personas, de esta manera, al estar más alto, cuando sangraba el animal se aprovechaba la sangre para hacer morcilla, chanfaina.

Desde el 11 de noviembre por San Martín o últimos de ese mes ("?a todo cerdo le llega su San Martín"), hasta mediados de febrero, los interesados se ponen en contacto con ellos y concretan un día para matar y descuartizar al animal o animales. Una costumbre y tradición que ellos han convertido en oficio durante las matanzas, además de compaginarlo con su trabajo de chacineros en la industria Hermanos Lujuba.

Efecto colesterol

La matanza va perdiendo con el tiempo su carácter particular y familiar, para pasar a ser más industrial, debido al trabajo que supone llevarla a cabo. Antes suponía para las familias y amigos un momento de reencuentro si bien actualmente "esto está desapareciendo debido al trabajo que supone y el aumento del poder adquisitivo de las familias, que ya no se hace tan necesario aprovechar todas las partes del cerdo. Todo esto unido claro esta a las diversas informaciones que van surgiendo respecto de los efectos que tienen para la salud, como es la ingesta de grasas animales, lo perjudicial para el colesterol, las carnes procesadas, etc".

El boletín refleja paso a paso todo el proceso de la matanza del cerdo ("?del cerdo me gustan hasta los andares") tanto de las fases que conlleva como la elaboración de los productos con los que llenar la despensa.

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