Aliste

La deidad del vandalismo

Un maniquí desnudo preside lo que queda del altar de la iglesia del deshabitado poblado de Castro, con las paredes pintadas por los grafiteros

21.05.2016 | 02:17
Maniquí instalado en el altar del templo del deshabitado poblado de Castro.

Un maniquí desnudo luce como una estatua religiosa en el altar de la iglesia del destartalado poblado de Castro, llamando sobremanera la atención de cuantos recorren este deshabitado núcleo y visitan lo que fuera un templo repleto de feligreses a mediados del pasado siglo.

Es una talla descabezada y mutilada porque una de las piernas ha sido desgajada y colocada en uno de los pedestales del frontal para llenar el puesto que antaño ocupara algún santo.

La figura permanece instalada en el centro del altar y es la única pieza que aparece en el interior. El templo, como el resto de las viviendas y dependencias del poblado, presenta el aspecto dejado por el rastro del vandalismo y del saqueo al que ha estado sometido el lugar durante años.

Las paredes exteriores de la iglesia, al igual que algunos muros del interior, aparecen grafiteados porque también los amantes de este "arte raso" han encontrado en este viejo poblado el mural perfecto para dar rienda suelta a su afición.

El frontón y decenas de puntos muestran más que visibles expresiones de este arte popular, al igual que otros visitantes han dejado huella de su estancia en las paredes escribiendo su nombre o su lugar de origen.

El poblado de Castro, construido por Iberdrola con motivo de la construcción de la presa (entró en funcionamiento en 1949) y que ha pasado a manos de un grupo empresarial tras comprarlo a la eléctrica, lleva años inmerso en un completo abandono que ha terminado por desmantelarlo de todo lo válido salvo las edificaciones, realizadas en piedra y que parecen resistir el paso de los tiempos. Ninguno de los edificios se ha salvado de los atropellos y todo lo que no ha sido sustraído ha sido roto. Ni una puerta ni una ventana ni un cristal ni un mueble ni un elemento eléctrico. El poblado de Castro, de hermoso trazado y elegante arquitectura, ofrece el aspecto de un pueblo devastado por una invasión.

En estos momentos algunas personas se han acercado al lugar para seguir de cerca la evolución de los desembalses. La presa de Castro da paso a las aguas del Duero al tramo portugués.

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