Martín Carbajo Núñez | Doctor en Teología Moral y exrector de la Universidad Pontificia de Roma

"La revolución de Francisco no tiene marcha atrás, utiliza un lenguaje directo que cala"

"Me interesa demostrar cómo históricamente una economía que se base más en una concepción positiva del ser humano es una economía que funciona mejor"

23.04.2016 | 02:46
Martín Carbajo durante su última visita a Figueruela de Arriba.

Cuando dispone de unos días libres Martín Carbajo Núñez gusta de volver a su pueblo de Figueruela de Arriba y disfrutar del paisaje serrano que regala estampas como la cumbre de Peña Mira. Y también pasear por la ribera de Riomanzanas, el pueblo de su madre. "Aquí se respira y se duerme bien" concede. Martín Carbajo, franciscano asentado en Roma -aunque este año va a estar a caballo entre la capital del Vaticano y Estados Unidos- abandonó su tierra siendo muy joven para formarse en Santiago de Compostela. Doctor en Teología Moral, es autor de varios libros donde reflexiona sobre la tradición franciscana como fuente de inspiración para una ética global, el proceso de individualización de occidente o la protección de la intimidad en los códigos deontológicos del periodismo. Ahora trabaja en otro libro sobre "ecología franciscana". Martín Carbajo fue Rector de la Pontificia Universidad Antoniana en Roma hasta 2014, donde sigue dando clase.

-Economía y comunicación con las nuevas tecnologías son claves en su investigación y su discurso ¿por qué en particular estas cuestiones tan del mundo y tan actuales?

-Tengo la Cátedra de Moral Social, por tanto en ella van incluidos muchos de los temas. Y a parte de eso siempre me han interesado los temas prácticos, tal vez porque en mi casa lo respiré. A mi padre le gustaba la tecnología, hacía radios, incluso escuchábamos la BBC por onda corta. Eso me quedó grabado y cuando me dijeron que estudiara en Roma me incliné por aquello que me gustaba.

-También bebe de la filosofía franciscana, cuyos valores aplica a la vida de hoy. ¿Tanto nos tiene que enseñar?

-Creo que los franciscanos tienen mucho que decir hoy. Por ejemplo a la hora de fundamentar una comunicación que sea auténtica, que construya comunidad y no sea solamente un vender noticias para sacar provecho. La tradición franciscana me encanta.

-Y la lleva hasta la cuestión económica que, según usted, hoy serviría de guía.

-Es que los franciscanos ya en los siglos XIII-XV hicieron hasta instituciones financieras. Además los frailes no podían tocar el dinero pero vivían con la gente. Esa cercanía a la gente sencilla les ayudaba a comprender que tenían que responder a sus necesidades, aunque ellos tuvieran otra forma de vida. Desarrollaron lo que eran los montes de piedad, tuvieron esa sensibilidad para buscar soluciones prácticas porque ellos percibían las necesidades de los otros como las suyas propias. La vida franciscana me atrajo porque es gente muy sencilla que escucha, que se pone en medio, que trata de vivir lo que la gente vive y eso te sensibiliza. Cuando falta eso pues se convierte en teórico.

-La realidad nos dice que hemos aprendido muy poco, con una economía dominada por los grandes tiburones financieros; se echa en falta lo que usted ha llamado la economía de rostro humano ¿qué ha pasado para que hayamos llegado a esto?

-Curiosamente hemos cambiado un poco el significado de las palabras. Por ejemplo la palabra interés, que es "inter es", estar entre, o lo que era el mercado como un lugar de encuentro, o la economía el "cos nomos", el hacer la casa común para que todos tengan lo necesario y se sientan a gusto. Partimos básicamente de una concepción antropológica negativa y como dicen en Galicia, amigos sí pero la vaca por lo que vale. O se suele repetir aquello de los negocios son los negocios. O todavía peor, la frase de Hobbes "tu muerte es mi vida". Como si esto fuese una guerra de todos contra todos. Esta concepción del hombre como si fuese un lobo para el hombre lleva a desconfiar del otro y a decir que la economía funciona mejor si todos nos peleamos.

-Aún así usted es optimista, dice que hay ciertas buenas intenciones para cambiar la dirección...

-Claro, pensamos que cuanto más guerra de intereses mejor porque así se estimula la creatividad y los franciscanos han demostrado que no lo es, y hay iniciativas que así lo prueban. Por ejemplo en Estados Unidos había hospitales que como no recibían suficiente sangre empezaron a pagar a los donantes. Después de varios años se hizo estudio para a ver cómo le iba a esos hospitales que pagan con respecto a los otros que siguen sin dar nada a los donantes. Y resulta que llegó a la conclusión que nadie esperaba, que los hospitales que no daban nada recibían más sangre y de mejor calidad.

-Esa visión le lleva también a valorar la economía solidaria, por fortuna también importante.

-Es que creo que la gente básicamente es buena y mientras no cambiemos esta mentalidad pues justificaremos todo. Justificaremos la pelea porque eso interesa más a los grandes intereses, pero no es así. A mi me entusiasma demostrar cómo históricamente una economía que se base más en una concepción positiva del ser humano es una economía que funciona mejor. Porque cuando hay desconfianza los mercados caen. La crisis que tenemos ahora la provocó sobre todo esa falta de confianza, nadie se fiaba de nadie, ni siquiera entre los mismos bancos.

-Con la perspectiva de casi una década desde que comenzó la crisis no parece que hayamos espabilado.

-Pues me da la impresión de que no. La crisis empezó a notarse en 2007 y en 2008 ya era evidente. Ese año el entonces presidente de Francia, Nicolás Sarkozi, dijo que había que cambiar porque no era una crisis cíclica típica del capitalismo. Sino una crisis estructural, incluso más seria de la que sufrió Wall Street en 1929. Entonces Sarkozi en un ataque de sinceridad dijo, hay que revisar los fundamentos del sistema económico, hay que reeditar lo que fue la cumbre de Bretton Woods en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, de donde salió el FMI y otras instituciones y crearlas sobre otros fundamentos más éticos. Sin embargo a medida que han ido pasando los años parece que se ha impuesto la opinión de que hubo algunos errores, pero basta poner algunos parches y a seguir como siempre.

-También habla usted del mundo globalizado con sus ventajas e inconvenientes como el individualismo.

-La verdad es que me gusta mucho la tecnología, soy un entusiasta de todos estos medios y creo que estamos en un momento privilegiado. Hay un filósofo canadiense, Charles Taylor, que analiza la sociedad actual y me gusta porque es bastante positivo. Normalmente se habla de posmodernidad, de que es todo fragmentario. Bauman habla de una sociedad líquida en la que no hay valores. Sin embargo Taylor tiene una visión más positiva. Dice, es cierto que hay abusos, que hay una degeneración del ideal de autenticidad, pero nunca como hoy podemos ser auténticos porque no estamos condicionados por lo que en otras épocas era la presión social fuerte. Por ejemplo en el pueblo si una mujer tenía un hijo de soltera ya estaba perdida para toda la vida. Te etiquetaban y hoy día con estos medios se han roto muchos prejuicios, se ha hecho una sociedad más universal.

-Pero las presiones hoy vienen de otros lados, no tanto de lo inmediato como de lo global, de unas tecnologías muy invasivas.

-Yo entiendo comunicación siempre relacionada con comunión y comunidad. Una cosa es la transmisión de datos que pueden hacer los ordenadores y otra la comunicación humana, que es una cuestión antropológica. Si se dicen medias verdades no hay comunicación, es transmisión de datos para otros objetivos. Es decir, comunicar es siempre una fatiga porque significa hacer espacio al otro, renunciar un poco a mí mismo e ir al encuentro de la diversidad y hoy con frecuencia, incluso en Internet que permite tanta comunicación muy amplia, pues cada uno busca solamente a si mismo. Decía ya Unamuno a finales del siglo XIX, qué bonito es levantarse por las mañanas y tomar un café leyendo las noticias del periódico. En Internet si algo no te gusta haces clik y a otro lado.

-Pero también dejan un rastro, la intimidad de la persona ha sido completamente agredida.

-Sí, de hecho conviene insistir en los riesgos para corregirlos, pero dentro de un contexto positivo. La esperanza forma parte del cristiano. Pero es cierto que hay muchos riesgos, por ejemplo la dependencia del "me gusta". Las redes sociales pueden favorecer que los usuarios se relacionen solamente con un simulacro de sí mismos, ponen solamente las imágenes más bonitas de sí y al final terminan identificándose con aquel perfil que no son ellos. La vida de carne y hueso es distinta. Tenemos muchos contactos pero pocas amistades profundas. Hay un estudio hecho en Estados Unidos entre 1985 y 2000 que dice que el número de personas realmente significativas descendió de tres a dos por persona. Otros autores apuntan que tenemos una continua atención parcial, no nos centramos nunca en quien tenemos delante. Estamos hablando con la personas y a la vez escribimos en word, hacemos veinte mil cosas, nos interrumpen llamadas.

-Esto en otros tiempos se consideraría una descortesía pero lamentablemente hoy parece que los admitimos sin reparos.

-A mi me gusta en estas cosas relacionarme con el pasado, porque al fin y al cabo la naturaleza humana siempre es la misma. Por ejemplo Tales de Mileto ya en el siglo VII o VI antes de Cristo decía: muchas palabras no son nunca el indicio de mucha sabiduría. Creo que hoy el mundo de la comunicación nos bombardea con tantas noticias que no tenemos tiempo para asimilar.

-Pero estamos perdiendo la autenticidad, la relación personal, como que si no estás en las redes no eres nadie. ¿Se está perdiendo la humanidad?

-Sí porque estamos confundiendo conexión con comunicación y son cosas distintas. La comunicación tiene necesidad de tiempo y de un ritmo sereno. Tendemos más a tipo Harry Poter con la varita mágica; conseguir lo que queremos y se acabó, sin acoger la diversidad. Y por ejemplo habla también algún autor de que muchos adultos en las redes sociales se comportan como adolescentes irresponsables y obsesionados por la insustancial, incapaces de mantener compromisos.

-¿Quizás por eso no somos capaces de dar respuesta a desafíos como la gravísima crisis de los refugiados?

-Bueno siempre hay una doble cara. Por una parte se ha avanzado mucho en la solidaridad, gracias a estos medios. Y por otro lado es preocupante esta apariencia de comunicación que en realidad se desentiende del otro. Muchas personas están en las redes sociales y tienen la ilusión de que entran en contacto, que tienen muchos amigos cuando en realidad en la vida práctica son incapaces de tener amigos y esto es preocupante. También es cierto que las compañías que gestionan estos medios son comerciales, hay una lógica económica. Hay ejemplos como cuando Google anunció que para facilitar que la persona encuentre rápidamente lo que busca se van almacenando esas búsquedas y cuando haces una nueva te muestran lo que saben que ya te gusta. Y claro eso va bien porque así venden esa información; o cuando entras en Facebook en seguida al lado te aparece la publicidad que te puede interesar; la lógica comercial está debajo. Entonces cuando uno hace una búsqueda dice, hombre todo el mundo piensa como yo, siempre me sale lo que me interesa. Y no se dan cuenta de que en realidad lo están encerrando en un pequeño círculo. Sobre todo creo que la mayor preocupación de la comunicación hoy es la falta de apertura a la diversidad, que a nivel político se manifiesta en los movimientos fundamentalistas.

-Resulta chocante oír estas reflexiones de un religioso, ¿la iglesia tiene el compromiso de transmitir estas cosas?

-Como franciscano tienes que estar al servicio de la persona. Y más en una sociedad que favorece el "no tuísmo", donde el otro no es visto como un tú, sino como alguien anónimo. La economía está basada sobre eso, pero hoy también las guerras; desde Nebraska disparan en Afganistán. Entonces la iglesia tiene que tratar de recuperar el rostro, no conformarse con la mano invisible sino tender la mano.

-Insisto usted parece una "rara avis" con su posicionamiento, se lo plantearé de otra manera, ¿la iglesia está a la altura de la nueva realidad?

-Creo que se está avanzando. El papa Francisco insiste mucho en la misericordia, en acoger incluso si no compartes lo que el otro es. Está mostrando una comunicación muy directa, muy cordial, centrada en la persona que cala, incluso con el riesgo de que lo entiendan mal, como cuando iba en el avión y le preguntaron sobre los atentados de París y él, para expresar que no se llegue a atacar el sentimiento religioso, soltó aquello de que si alguien insulta a mi madre le espera un puñetazo. Que esto lo diga un papa llama la atención, como que haya recibido a transexuales o bautizado a niños de matrimonio civil. Y después usa un lenguaje sencillo, coloquial, habla de pastores con olor a oveja. Por otro lado a Francisco a veces se le presenta como un héroe que lucha contra las fuerzas ocultas de la Curia, ese dramatismo que gusta tanto a los medios. Pero por encima de eso creo todo empezó con Benedicto XVI, cuando dijo yo ya no soy capaz de llevar esto adelante, renuncio. La iglesia está dando pasos, pero los dio ya con el Vaticano II y ahora estamos simplemente poniendo en práctica lo que fue.

-¿No se hace necesario un Concilio Vaticano III que de respuestas más audaces?

-Hoy por hoy la Iglesia no siente esa necesidad porque el Vaticano II fue muy abierto. Además fue en un tiempo, los años 60, de mucho optimismo y esto se refleja en la apertura, que forma parte intrínseca de la iglesia. No, creo que en este momento no se siente la necesidad de un Vaticano III porque el Vaticano II fue tan profético que todavía nos falta mucho para aplicarlo.

-Muchos cristianos cuestionan eso de que la apertura forme parte de la Iglesia, hablan de oscurantismo y permisividad con cuestiones tan sensibles como los abusos a menores.

-Cierto, no hay grupo humano que esté libre de personas que se desvían. Si empezamos a mirar desde el principio, Judas Iscariote es elegido por Jesús pero cogía dinero de la bolsa y le traicionó. Las luces y sombras forman parte de cualquier grupo humano. La Iglesia no puede ocultar y cada uno tiene que pagar las consecuencias. Yo creo que es cierto que esto es una lacra, pero el porcentaje de sacerdotes acusados no supera el dos por ciento. Cualquier otro grupo humano es difícil que tenga un porcentaje inferior.

-Pero unos hechos tan graves con un sacerdote que lo haga ya es gravísimo ¿no?

-Desde luego, no es el número, es el hecho de que siendo sacerdotes no se espera eso. Entonces hay que hacer luz, no es que el sacerdote se desvíe, es que buscando una protección ellos piensan que ahí van a estar más protegidos y eso ciertamente no se puede tolerar.

-Hay quien ve anacrónico que la mujer no pueda acceder a la jerarquía o que un cura no pueda casarse ¿llegará un momento en que esto se asimile?

-Pedro, el primer papa, estaba casado. O sea que? El hecho de casarse o no casarse no es una cuestión dogmática. Empezó en el Concilio de Elvira que se celebró en España en el siglo IV. El apóstol Pablo dice, recomiendo que no se casen. ¿por qué?, el casarse lleva consigo condicionamientos para el sacerdote, obviamente la mujer y los hijos tiene que comulgar con ese ideal, luego viene la cuestión de la herencia. Es una cuestión disciplinar que puede cambiar en cualquier momento.

-¿Puede acelerar el avance la "revolución" del papa Francisco, cree que esto tiene marcha atrás?

-Una cosa es el carácter de Francisco que él refleja, viene de Latinoamérica y eso se nota. Pero sí, creo que no tiene marcha atrás, es un signo de los tiempos que la Iglesia seguirá por ese camino, estoy convencido.

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