La Guareña

Una vida detrás del mostrador

Paulina Palacios evoca sus cien años de existencia en Fuentelapeña, a los que llega sin tomar una pastilla, ni pisar un hospital

19.12.2015 | 00:12
Una de las fiestas con motivo de sus cien años junto a la familia.

"Gracias por dedicar tu vida a los tuyos con valentía". Una placa inmortaliza el homenaje y el cariño con el que sus hijos, nietos y biznietos reconocen la entrega de Paulina Palacios Barbero a la familia. Y ha sido con motivo de sus cien años, un siglo de vida al que esta mujer de Fuentelapeña llega con admirable compostura.

No toma una pastilla, no ha pisado un hospital, apenas sabe lo que es un dolor. Paulina goza de una envidiable salud, así que sus visitas al médico son esporádicas cuando no, obligadas. La última, para ponerse la vacuna de la gripe. Hasta los 99 años ha sido una persona autónoma y no era difícil sorprenderla subida en una escalera podando la viña. Un naturaleza a prueba de bomba, una estirpe de mujeres hechas de una pasta que se antoja irrepetible.

Visto así, no es extraño que esta señora se haya cuestionado en más de una ocasión su fecha de nacimiento. "Muchas veces decía: se habrán confundido, yo no he nacido ese año" cuenta una de sus nietas mientras Paulina reposa plácidamente en el salón de su casa, en la calle Oro de Fuentelapeña. Ese ha sido el escenario permanente de su vida, donde sus padres, Carlos y María, regentaban una tienda de alimentación en la que ella empezó a trabajar desde bien joven.

Paulina Palacios fue la mayor de tres hermanos (los dos ya fallecidos), heredera del comercio de sus padres que después regentaría con su marido, Eusebio Carrasco, de una familia de molineros. Y como tantas mujeres de su generación, también trabajó en el campo "espigando", recuerda. "Antes sí que era trabajar".

Del comercio a la tierra y luego en la casa, donde todo era a base de trabajo. Por ejemplo, para lavar la ropa había que desplazarse a Sarria, hasta kilómetro y medio con la barreño en la cabeza, el cubo y la tabla en las manos. "¡Íbamos bien arregladas....!". Y en la tienda, esta centenaria vivió la dureza de la posguerra, cuando el abastecimiento estaba limitado con las cartillas de racionamiento. "Había mucha necesidad y poco dinero, me dejaban a deber y andaba todo el día apuntando en el cuaderno".

La familia guarda en la memoria un sinfín de anécdotas de Paulina tras el mostrador, como cuando al cuartillo de aceite "le echaba un poquito de manteca en el fondo" para que cundiera un poquito más. La "tienda de Carlos" igual vendía aceitunas que escabeche, azúcar o bacalao, antes muy frecuente en los platos caseros. Todavía está bien presente en su memoria los viajes a Fuentesaúco con el carro y las mulas en busca de mercancía.

"Ha sido una mujer valiente y decidida para todo, no se le ha puesto nada por delante" dicen los suyos. Y ha dado pruebas de ello. Hace cuarenta años viajó sola a Alemania, en autobús, para conocer a sus nietos mellizos. Veintiocho horas de viaje desde San Sebastián hasta su destino, de donde volvió con dos bicicletas para otros dos de sus nietos.

Y como buena hija de La Guareña Paulina ha disfrutado con los toros como la mejor aficionada. En alguna ocasión no se libró de algún susto, por acercarse más de la cuenta. Y tanta pasión ponía con los morlacos que en una ocasión hasta se le cayó la dentadura desde el balcón.

Con los cien años a cuestas, tres hijos (uno fallecido), ocho nietos y nueve biznietos, Paulina camina con plena autonomía y cada semana echa una brisca con las vecinas. Los cien años que cumplió el 2 de diciembre han reunido hasta en tres ocasiones a la familia, aunque no a toda. La fiesta más numerosa fue en verano, en la que vinieron sus nietos de Boston y Palma de Mallorca; solo faltó uno de los de Alemania.

"Hasta ahora me encuentro bien" expresa con placidez y aún con energía para responder, aunque la memoria de vez en cuando juegue una mala pasada. ¿Cuál es el secreto de tal lozanía?. "Tiene buen apetito, come de todo" tercia una de sus nueras. "Siempre nos decía que tomáramos azúcar para los huesos". No se ha privado y ni una gota de colesterol. Es la pasta de estas mujeres. Grandes trabajadoras, duras, valientes y centenarias. Como Paulina.

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