Zona oeste

La muerte, por desgracia, sí tiene un precio

Transitar por la 122 o El Sierro es una ruleta rusa

17.11.2015 | 00:11
La muerte, por desgracia, sí tiene un precio

Sin carreteras no hay progreso, eso se dice y cierto es, como que la seguridad vial es un derecho vital para que viajar no sea una ruleta rusa donde la vida dependa de la suerte, buena o mala, de que, cuando tú pasas, a tal tiempo no se cruce una manada de ciervos o jabalíes que con derecho preferente desafían la lógica humana.

En Aliste existe una arteria de comunicación secundaria, la de El Sierro, que cruza por cuatro términos municipales, Fonfría, Samir de los Caños, Rabanales y Gallegos del Río, enlazando la Nacional 122 con la Zamora-Mahíde en Valcuevo, convertida, más aún de noche y en otoño e invierno, en un camino directo hacia la desgracia. Quienes circulamos a diario por ella sabemos de su peligrosidad, al compartir asfalto con jabalíes, zorros, lobos, corzos y ciervos, habiendo sufrido ya muchos en nuestras carnes atropellos inevitables -que bien podrían ser evitables-, con daños corporales y vehículos siniestro total, con altos costes económicos que a veces el pobre automovilista tiene que pagar de su bolsillo. Que todos queremos y defendemos la fauna, algo que está bien, pero cuando llega la desgracia, de sus actos no se hace responsable ni Dios. Pues eso, ya saben: invito yo que pagas tú.

La carretera, en muy buen estado, cuenta con la particularidad de carecer de cunetas y arcenes, bueno, tener sí los tiene, pero llenas de jaras y urces, robles y pinos e incluso de alfalfa. El problema no es que la fauna cruce, sino que cuando lo hace, al no haber visibilidad, ninguna, es nula, el accidente es inevitable.

La nacional 122 y la Nacional 631, como la Riofrío-Tábara, la San Pedro-Boya y la Sarracín-Ferreras de Arriba son otros lugares donde viajar jugándote la vida es el pan nuestro de cada día. Ministerio de Fomento, Junta de Castilla y León, Diputación de Zamora y ayuntamientos deben velar por la seguridad vial.

Más pronto que tarde se producirá un accidente mortal y cuando la sangre tiña de rojo el negro asfalto y las campana toquen a muerto llegarán las condolencias, las prisas y las protestas a destiempo. Luego nos dirán que la muerte sí tenía un precio, pues claro, el de quienes no quisieron gastar un puñado de euros controlando la fauna, limpiando arcenes y cunetas, poniendo el grave peligro lo más importante: la vida de las personas.

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