Sanabria-Carballeda El escándalo de las finanzas de la Iglesia

El "Vatileaks" se cuela en Pedralba

Los vecinos afirman que Lucio Ángel Vallejo Balda "era un sacerdote muy listo, se le veía preparado y podría haber sido lo que quisiera y no cura"

05.11.2015 | 06:10
Ángel Barrios Sandín, Ángel Sandín Fernández, Jesús Barrios Sandín y José Fernández Fernández conversan en el bar de Pedralba.

Las tertulias en la calle, en el bar y hasta la partida en Pedralba de la Pradería se han animado a golpe de titular de periódico e imagen de televisión, contemplación forzosa por el tiempo lluvioso en Sanabria y por la nueva estrella mediática para las poco más de 70 personas que viven en el pueblo.

El que fuera su párroco aparece en el centro de la vorágine en el nuevo "Vatileaks". Lucio Ángel Vallejo Balda conocido, no como el padre Lucio, sino como don Ángel, llegó a Pedralba para ocupar el lugar del párroco de toda la vida, Francisco Vara Gullón, de Ferreras de Abajo, que durante casi 50 años fue el párroco de estos pueblos. Cargo que desempeñó entre 1987 y 1991 y que dejó un grato recuerdo para la mayoría de los vecinos del pueblo. Un hombre al que le gustaba estar con la gente, y especialmente con los jóvenes con los que frecuentaba el bar. Fue le último cura que vivió en la casa parroquial de Pedralba, que disponía de horno y un taller de madera legado por su predecesor.

No era un cura como los que había en la comarca "el primero que vio mundo" dice uno de los vecinos pero esta vez de Requejo, pero que todos los veranos venía a trabajar con un camión a Pedralba para repartir la mercancía del comercio. "Era un sacerdote muy listo, y se le veía preparado, muy por encima de los curas que había aquí. Podía haber sido lo que él quisiera, y no cura".

"Era buen orador en el púlpito y de buen trato en la convivencia con la gente". El hecho por el que más se le recuerda es por el arreglo del tejado de la ermita de Santa Lucía en el centro del pueblo. Aunque ese gesto "le costó a cada vecino 50.000 pesetas de las de entonces" 300 euros de los de ahora. Se constituyó una comisión local para gestionar esa obra, y algún vecino se marchó incluso antes de empezar con la reforma en desaprobación por la manera de actuar del párroco, aunque la mayor parte de los vecinos acogió bien el arreglo "algunos incluso tuvimos el capricho de trabajar un par de días gratis".

José Rodríguez Barrio regenta el bar "Kilobas", apodo familiar, y fue vecino del párroco en época. Tendría unos 16 años y la convivencia era buena al principio aunque se tornaron en desavenencias por la venta de la mitad de una finca "que era de mi padre" cuando el párroco vendió alguna propiedad de la iglesia. El joven Kilobas no coincidió en el instituto Juan XXIII con él, donde era profesor. Sí recuerda que dos días a la semana iba a un colegio en Braganza, en Portugal, a dar clase. Un hecho que recuerda bien porque el párroco que le sustituyó hizo la mili en El Ferral de León con él y mantuvieron la amistad cuando fue destinado al pueblo, y continuó con las clases en Portugal. De manera temporal fue el sacerdote de Puebla de Sanabria y ocasionalmente sustituyó a algún párroco en algún bautizo o funeral, como en Robledo. En Puebla hay pocos recuerdos de él, salvo entre los estudiantes del Juan XXIII.

La venta de inmuebles y la inscripción de otros, como la ermita, comenzó precisamente con Ángel Lucio Vallejo. De las primeras casas parroquiales que se vendieron figura la de Calabor, aunque algún vecino señala que el dinero se destinó a arreglar la iglesia parroquial. Era un hombre de buen trato pero con su genio. En una ocasión un vecino de Calabor le dijo "¿dónde vas, cuervo?" se bajó y le propinó dos bofetadas". Los testigos del hecho, un padre y un hijo que allí estaban, se quedaron petrificados.

Otra de las casas que cambió de dueño fue la de Pedralba de la Pradería pero ya cuando el padre Ángel era el responsable de las finanzas de la Diócesis de Astorga. La antigua casa parroquial vuelve a estar nuevamente en venta.

Otra vecina de Pedralba recuerda a sus padres, que en los primeros meses de sacerdocio en el pueblo, se vinieron a vivir con él. Especialmente recuerda a su padre, Cristino, un hombre muy educado. Ángel Barrio Sandín, un pedralbés que por cosas del destino llegó a la Rioja, tuvo buen trato con los padres en el pueblo natal de Villamediana de Iruega. Todo son palabras buenas para la familia y la gente del pueblo riojano. Al fallecer su padre, don Ángel se llevó a su madre a Roma.

Personas que tuvieron trato con él, en esos tres años, reflexionan que "la vida da muchas vueltas. Este hombre se ha visto en una cosa tan grande que no sabes al final cómo va a terminar". Otros ven avaricia. Y alguno reprochaba que cuando llegó a Roma "podía haber mandado algún donativo para Pedralba". Pero no lo mandó. De momento lo que llegan son noticias del Vaticano sobre su antiguo párroco.

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